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Lecciones de don Walter Kissling

Jorge Walter Bolaños
Exministro de Hacienda
Walter Kissling GamWalter Kissling Gam

Resulta reconfortante a la distancia del tiempo, reconocer en esta ocasión, las grandes capacidades magistrales de don Walter Kissling. No es por casualidad que durante muchos años de su vida se dedicó de corazón al Incae sirviéndole como su presidente, pero un rasgo no muy conocido para otros, es que su vida por la empresa era una constante cátedra en la cual los alumnos éramos sus empleados.

Hoy quiero plasmar algunas de esas mejores lecciones empresariales que nos dejó don Walter. Para cada una de ellas, él acostumbraba usar algún lema que permitiese su mejor recordación.

Con respecto a la ética, don Walter siempre decía que los valores éticos no son negociables. Y eso motivaba a la organización a un comportamiento ético riguroso respecto a sus clientes, proveedores, empleados, comunidades y gobiernos, al ambiente y su preservación, así como a la responsabilidad social de las empresas.

Con respecto al crecimiento, él acostumbrada decir que crecer no es una opción sino un imperativo pues la empresa que no crece perece. El resultado de ese lema era la creencia firme desarrollada en toda la organización por buscar más clientes, nuevos productos, hacer adquisiciones o alianzas y estar siempre a la caza de nuevas oportunidades. Don Walter acostumbraba en las sesiones anuales de preparación y discusión de presupuestos a que los mismos detallasen claramente lo que era el negocio anterior y lo que eran las nuevas avenidas de crecimiento que se estaban incluyendo.

Que las cosas se hagan bien

Uno de sus méritos más destacados, el cual casi era un sentido de humildad de su parte, era respecto a los resultados empresariales: El portaba siempre en su billetera un pequeño papel que nos mostraba en los momentos apropiados y el cual decía: "No importa quien reciba el mérito con tal de que las cosas se hagan y se hagan bien". Esa frase tenía un poder enorme respecto a la motivación que el personal desarrollaba por hacer bien las cosas y por llevarlas a feliz término. En la parte humana, riesgo y compromiso eran el sello personal de la actitud de don Walter. Él solía decir: "Nadie está preparado para su próximo ascenso, pero cada persona si es bien contratada y bien formada, merece su oportunidad". Y así es como muchos alrededor de él recibimos las invitaciones para avanzar a nuevas posiciones para las cuales efectivamente no estábamos preparados, pero para las cuales si estábamos positivamente comprometidos a no fallar y eso sí que realmente hace la diferencia en la vida. Don Walter también decía que en esa ruta de mejoramiento de las personas, había que dar la oportunidad de cometer errores pues nadie es perfecto; pero lo que no se valía para él era cometer el mismo error otra vez.

Otro lema clave en la actitud de liderazgo firme de don Walter era su actitud hacia la excelencia. El acostumbrada matizar el punto de la discusión sobre un tema haciendo ver su definición de excelencia: "Es estar siempre inconformes con la situación actual y en consecuencia debemos buscar nuevos campos de mejoramiento". Esta lección obligaba y motivaba a la organización en forma constante a la búsqueda de nuevas oportunidades y nuevos niveles de superación. Era claro para él que siempre existiría allá afuera un competidor que estaría haciendo lo mismo o algo mucho mejor que nosotros, por lo que la excelencia no debería verse como una virtud sino como un deber.

A veces se piensa de un alto jefe como alguien ausente de cariño o un frío empresario. Nada más distante de la realidad con don Walter, quien en cada momento actuaba de una manera cálida y amistosa como si la empresa fuese una familia. Esa habilidad de recordar a las personas por su primer nombre, de hacerle sentir a uno que es importante, de prestar atención a lo que uno quiere decir; esas eran las habilidades que lo distinguían. Era el gran mago en destilar y crear una sensación de cariño familiar y de respeto paterno en la empresa.

Buenos y malos líderes

Don Walter creía firmemente que los buenos líderes eran el requisito indispensable para una buena empresa y se esmeraba porque la selección de personas en posiciones de jefaturas pasase por dos tamices rigurosos: Sus talentos profesionales y su habilidad para ser un buen líder. El nos recordaba la clara distinción entre un buen líder y uno malo con su frase: "Un mal líder es aquel que no se recupera de algún éxito obtenido, un buen líder es aquel que no se deja aplastar por un fracaso.

Finalmente, la lección que caracterizó siempre su carrera de éxito empresarial fue su actitud hacia el control. Don Walter convertía en una obsesión todo lo referido al control respecto a que las cosas se estuviesen ejecutando bien y tal como se habían planeado. Y control acompañado de retroalimentación inmediata a las personas a cargo de las acciones. El no era el tipo de personas que apuntaba en una libreta de notas para después llamar a la persona que requería retroalimentación; esa hoja de la libreta estaba siempre en blanco pues él actuaba de inmediato.

Con respecto al control, don Walter consideraba que éste debía comenzar antes de iniciarse la acción a través de una buena planeación.

Su frase: "Mida varias veces y corte una sola vez", refleja de una manera lo que es planeación. Y el ciclo del control lo cerraba siendo un fiel defensor y creyente de la función de auditoría como instrumento de apoyo a una buena gestión de la gerencia.


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