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ENTREVISTA

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Don Cuyo, como le dicen todos en la fábrica, heredó la receta de las salsas Lizano de su propio creador, don Próspero Jiménez.
Foto Frank Guevara para El Financiero

La mano detrás de la Salsa Lizano


Rodolfo González Ulloa

Don Claudio Rojas Araya lleva 56 años fabricando la emblemática salsa

Se llama Claudio Rojas Araya, pero todos le dicen don Cuyo. Heredó, por decisión de Próspero Jiménez, creador de la popular salsa Lizano, los secretos de la receta.

A nadie más quiso Jiménez pasarle el santo y así se lo hizo saber al dueño de la fábrica, su tocayo Próspero Lizano, quien entonces tenía la planta en El Carmen de Alajuela.

Era la década de los 50 y Lizano compró las instalaciones a una aceitera que se quemó. Restauró el edificio y por casi 40 años esa fue la casa de la popular salsa y de su pionero encurtido. Cuando estaban a punto de pasarse a San Antonio de Belén, su actual sede, los Lizano vendieron el negocio. Lo compró Best Foods en 1991. Pero esa es historia reciente.

Don Cuyo se remonta varias décadas atrás para recordar su afiliación con el producto.

“Yo me voy, pero sólo le enseño a Cuyo la receta, porque él sí te va a ser leal, Próspero”. Así fue como relató Rojas el diálogo que sostuvieron el dueño de la fábrica y el inventor de la salsa a mediados del siglo pasado.

Fidelidad

Jiménez tuvo buen ojo porque don Cuyo se quedó con los Lizano por más de 40 años, hasta que decidieron vender la fábrica y la marca a la empresa Best Foods. Poco tiempo después la empresa Unilever compró esta compañía, y con ella absorbió la marca Lizano y su emblemática receta.

Pero don Cuyo ha seguido trabajando en la planta, y ni los jefes del sector de alimentos se han atrevido a darle órdenes de cómo tiene que hacer la salsa. Sigue siendo el gurú de la Lizano; hace la mezcla, con el apoyo de cuatro asistentes, pero es el único que maneja todos los detalles a pesar de que el know how está documentado para asegurar la continuidad del producto.

Don Claudio Rojas narra los años en los que estuvo a punto de dejar su trabajo, en los noventa.

“Para ese entonces, Willy, un hijo de don Próspero, estaba a cargo de la fábrica. Enfermó y decidió vender. Yo iba a dejar el trabajo. Entonces Willy, con quien yo me crié, me dijo que no me preocupara, que iba a quedar con buena plata y que pasaría por mí los sábados para ir a pasear. Así lo íbamos a hacer, pero los nuevos propietarios me pidieron que me quedara por tres meses. Yo les dije que aceptaba, pero siempre y cuando nadie viniera a decirme cómo tenía que preparar la salsa. Aceptaron, y ¡diay!, los tres meses ya van por 13 años”, expresa con una sonrisa.

Boca de cantina

Pero la salsa no fue el primer trabajo de don Cuyo con los Lizano. Este autodidacta, oriundo de Zarcero, recuerda que al cumplir 14 años su familia se trasladó a vivir a Alajuela, y él decidió buscarse un trabajo. Corrían los años 40. Don Próspero Lizano lo empleó como mensajero del almacén que tenía en el centro de Alajuela, 50 metros al norte de la actual tienda Llobet e hijos.

“Don Próspero me contó cómo había empezado el negocio de la salsa. El tenía una cantina en la esquina donde hoy está Llobet. Ahí trabajaba Próspero Jiménez, a quien se le ocurrió inventar un encurtido para dar de boca a los clientes, porque entonces solo se daba trago, y si acaso un chicle o un confite”.

“La boca tuvo pegue, y ahí empezó la cosa. Se empezó a distribuir encurtido en las pulperías. Años después, don Próspero Jiménez, que era un autodidacta y que tenía libros y experimentaba en cazuelas, se le ocurrió hacer la salsa oscura, al estilo de la famosa salsa inglesa que estaba llegando al mercado. Así nació la salsa Lizano”, relata Rojas.

El dueño puso a don Cuyo a trabajar en la primera fábrica de encurtidos y salsas, que en ese entonces quedaba cerca de la Iglesia de La Agonía. Allí, empezó a darle rienda suelta a su curiosidad y habilidad para las máquinas.

“Todo era muy rudimentario, no había nada mecanizado, las etiquetas se pegaban a mano, con cola de almidón, y la salsa se hacía en cazuelas. Una vez mandaron a instalar una caldera, pero pasaban los días y los encargados no llegaban. Entonces don Próspero me dijo: ‘Cuyo, instalala vos’. Yo le puse cuidado cómo iban las cosas y lo hice. Luego inventé una que otra máquina, y empezamos a mecanizar el negocio”, recuerda Rojas.

No tiene deseos de retirarse, pero se siente satisfecho al comprobar que la salsa se exporta a Estados Unidos, México y otros mercados.

Aunque asegura que hace la salsa “con los ojos cerrados” y hasta se atrevería a asegurar que podría mejorarla, defiende que el producto no ha variado esencialmente en 40 años, y que la calidad es constante.

“No me aburro del producto y hasta lo como en mi gallo pinto”, dice y sonríe.

¿Quién es?

Foto Flotante: 790401

Claudio Rojas Araya, líder de línea de producción de las salsas Lizano, para la compañía Unilever.

Años de experiencia: 56.

Formación: Autodidacta.

Tarea: Asegurar la calidad de las salsas.

Otras habilidades: Mecánica y ebanistería. Ha diseñado máquinas para la empresa.


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