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ENTREVISTA

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"Me rehúso a creer en esa frase que dice que 'el empleado es un enemigo a sueldo', expresa Yaniv Porat Rubinstein, gerente del Almacén La Ópera, ubicado en San José desde 1938.
fotos josé david guevara muñoz / el financiero

El Quijote de los sastres


José David Guevara Muñoz

Este joven empresario impulsa un plan que no es un remiendo, sino un cambio de paradigma para un viejo gremio

En un lugar de San José, de cuyo nombre sí me acuerdo --Almacén La Ópera-- trabaja hoy en día un empresario de lanza de casimir, adarga de poliester, carruchas de hilo y agujas y botones.

Su nombre, Yaniv Porat Rubinstein, un arquitecto de profesión y un apasionado de la meditación terapéutica y las filosofías orientales, quien a sus 32 años de edad ha decidido emprender la quijotada de luchar para que en nuestro país no desaparezca el gremio de los sastres.

Además:

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  • "Invito a todos los sastres para que se metan en un proceso duro de cambio. La idea es capacitarlos en lo último en corte y confección, servicio al cliente, control de calidad, mercadeo, ventas, manejo de personal, protocolo, administración y finanzas", explica este joven que tiene a cargo la gerencia del Almacén La Ópera desde hace tres años.

    El plan incluye también información y asesoría sobre los recursos financieros que se encuentran a disposición de las pequeñas y medianas empresas (PYME).

    La idea no es hacerle un remiendo a este gremio, sino confeccionarle y coserle un nuevo paradigma a la medida de los cambios y exigencias del mercado actual. "Pretendo que los sastres se renueven y fortalezcan", manifiesta este comerciante nacido en Israel.

    El "anexo" de la tienda

    De sus planes nos habló en el café del Correo Central, sitio al que él llama "el anexo de la tienda" y del cual es uno de los clientes principales. Allí va cada día a disfrutar de un café americano, pensar en ideas para su negocio, reunirse con clientes y proveedores, y disfrutar de las conversaciones de un grupo de ancianos cubanos que el día de esta entrevista --lunes 3 de abril-- discutían animadamente sobre la comida china y la carne de caballo.

    Ese espacio, donde los capuchinos y los expresos cohabitan con sobres y estampillas, se encuentra a pocos pasos del Almacén La Ópera. Y es que este establecimiento fundado en 1938 por inmigrantes polacos está ubicado 50 metros al norte del Banco Nacional.

    Yaniv representa a la cuarta generación de la familia propietaria de esta tienda de telas finas, y cuya especialidad son los casimires importados de Inglaterra, Italia, España, México y otros países.

    Entrar allí es ingresar en un local ocupado por cientos de rollos de tela dispuestos en mesas y estantes, así como por vitrinas y gavetas repletas de broches, botones, gacillas, cintas métricas, hilos, cremalleras, dedales y alfileres. En este ambiente huele a estreno y el sonido más común es el de las tijeras en plena acción.

    La primera puntada

    Tras beber un sorbo de café, Yaniv nos revela la primera puntada de su proyecto: "Pensando en cómo crecer, concluí que para que nosotros podamos vender más tiene que irle bien a los sastres. La ecuación es dar para recibir; si trabajamos con los sastres para reactivarlos, el negocio va a levantar para beneficio de todos los que estamos en esta industria".

    La capacitación se impartirá en talleres de cuatro meses de duración, empezando en junio próximo. Además de terminar de afinar el programa, este empresario y parte de su equipo de trabajo buscan patrocinadores para su plan.

    "Nuestros sastres son artistas, gente que puede volar con solo que se les de una mano. En Costa Rica hay sastres de calidad mundial, que en Europa serían todo un suceso pero aquí están remendando pantalones porque tienen que camaronear para subsistir; eso no puede ser", expresa este joven que sabe lo que es mochilear por el mundo y dormir en parques.

    Y agrega: "En Costa Rica debe haber entre 150 y 200 sastres, si solo diez se comprometen hasta el final con este proceso de cambio, ellos van a marcar la pauta, ser un parámetro, un ejemplo a seguir y entonces se va a generar el movimiento de transformación.

    "Contraté a un equipo de sicólogos, pues parte del proceso consiste en que los sastres entiendan su mentalidad, de dónde vienen sus obstáculos para que los rompan y luego crezcan; ellos tienen que cuestionarse, destruir sus viejos modelos para construir otros".

    Hablar de esta iniciativa entusiasma a este Quijote que se declara alérgico a las computadoras pero adicto al contacto humano. Entonces enciende un cigarrillo, le da una calada y en cuestión de segundos el aroma del café se mezcla con el del tabaco.

    Otro de sus vicios es caminar por la capital. "Yo no cambio trabajar en San José por nada. Es una ciudad llena de vida y de gente loca que a mí me gusta", confiesa y luego cuenta que cuando llegue la hora en que el sastre del tiempo lo vista de canas y arrugas quiere ser un anciano de los que frecuentan parques en busca de tertulia y viejos amigos. De hecho, se declara admirador del parque de Naranjo, Alajuela, al que un grupo de abuelos acude cada día a conversar y jugar tablero.

    También nos habla de lo que odia. En primer lugar, los ambientes de trabajo en donde se obliga a los empleados a trabajar por temor y obligación, y no por amor y compromiso.

    "Esa es la vieja escuela. En la nueva le das al empleado confianza y espacio para que pueda crecer y su trabajo sea un desafío; claro, esto aunado a un plan de incentivos por metas. Esto ha funcionado de película en La Ópera, ¡es un triunfo del humanismo!"

    Enemigo de la mentira

    Yaniv detesta, además, la mentira. Cuando habla de este tema, pone la aguja en el ojal y el dedo en la llaga.

    "El mundo de los negocios es un mundo de mentira, falso. Se miente mucho para quedar bien, obtener favores, conseguir créditos, quebrantar las reglas, justificar atrasos y errores. Lo peor de todo es que son mentiras socialmente aceptadas; la mentira como parte del lenguaje cotidiano, el compromiso que es solo parte del lenguaje 'sí, claro, de fijo, nos vemos, te llamo mañana'.

    "La gente tiene miedo de decir la verdad porque teme herir susceptibilidades o perder una venta. Mi opción era amoldarme a eso o seguir siendo quien soy; decidí trabajar con la verdad y que la gente se acostumbrara a esto", afirma este empresario que se declara adicto a observar gente.

    Y lo demuestra con hechos: apenas concluye la entrevista invita al periodista a fijarse en la hilera de ancianos sentados frente al Club Unión. "Qué rico es ver a la gente, se aprende mucho sobre la naturaleza humana", dice.

    Luego camina hasta el Almacén La Ópera, en donde lo aguarda una cámara fotográfica ante la que posa sin timidez. No es de extrañar, después de todo los quijotes no le tienen miedo a nada.

    Un corte a lo tico

    ¿Con qué tela compararía usted a los costarricenses?, le preguntamos a Yani Porat Rubinstein.

    Su respuesta: "Definitivamente, con un poliester-lana porque el tico siempre busca la mezcla; es una persona que gusta de diferentes mundos, no se compromete con uno 100%.

    "Es curioso porque hay otros países en donde la gente se compromete con algo y va hasta el final, pero aquí se le apuesta a las mezclas.

    "Esto tiene sus pros y sus contras. La gente que le apuesta 100% a algo, a veces es un poco más cerrada a otras cosas.

    "El tico es como una esponja, está abierto a todo y a nada, se compromete con todo y con nada; es como una mariposa o como una abeja que salta de flor en flor".




    ¿Quién es?

    Foto Flotante: 1225261

    Nombre: Yaniv Porat Rubinstein.

    Formación: Arquitecto de profesión, y apasionado de la meditación terapéutica y las filosofías orientales.

    Edad: 32 años. Nació el 26 de enero de 1974, en Israel.

    Estado Civil: Casado con Mijal Kirschenbum.


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