| Archivo | Indicadores | Lun 10 abr, 2006 - Dom 16 abr, 2006 | Escríbanos |
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El problema de prometer es que después hay que cumplir, y no bastan las buenas intenciones. Abel Pacheco lo confirmó en carne propia. No se cosechó una reforma al marco legal en agricultura, ni se adaptó la estructura de las instituciones. Era una de las áreas con más promesas (18), muchas de ellas basadas en aspectos legales. Pero no hubo lluvia de resultados. La modernización del sector financiero quedó sin respaldo, cuando el proyecto de reformas financieras expiró en la Asamblea Legislativa. Los baches en las vías públicas ilustran el balance. De manera similar, los huecos en las concesiones -apuesta fundamental del programa de Pacheco- conspiraron, pues no concretaron obras ni el ajuste a la ley. La agenda social era la bandera de Pacheco, pero se desgarró en contradicciones y el desorden. En el campo de ciencia y tecnología, la esperanza está en el futuro; el gobierno digital todavía no es una realidad. Poco énfasis recibió cultura en el programa de Pacheco. Se limitó a transformar el Movimiento de Juventudes en Instituto de la Persona Joven, labor que se inició en la administración anterior, a un programa de folclore regional del cual no había rastro, y al fortalecimiento de los museos. Un área cargada de decepciones. No se logró un crecimiento del PIB de un 6% (según el Banco Central, fue de alrededor de 4% en 2004 y 2005, se estima 3,5% para 2006), ni se redujo el déficit fiscal un punto por año para llegar a cero en 2006 (será de 3% en 2005 y se espera 2,8% para 2006). A pesar de las promesas, todavía hay problemas para destinar el 6% del PIB a la educación: del 2002 al 2004 fue apenas 5,5%. Las propuestas que debían ser soporte para la acción gubernamental no lograron generar la inercia necesaria. No era prioridad en el programa, lo fue en la práctica. Aun así, fue decepción: el Gobierno se concentró en un plan fiscal que naufragó por vicios en su trámite. Las políticas de género mostraron uno de los desempeños más aceptables, en relación con las promesas realizadas. La mayoría de las promesas industriales se referían a las pequeñas empresas. Aquí se concretó la red de apoyo a Mipyme en el 2004, pero el sector empresarial reclamó falta de una política vigorosa. El comercio exterior se convirtió en una espada de doble filo. Por un lado, la negociación del Cafta concentró mucha energía y apuntó a la meta de ampliar los mercados. No se visualizó entusiasmo. Se aprobó la reforma al referendo, pero solo luego de que la Sala IV obligara a que se votara. Y se aprobó una nueva vía rápida en la Asamblea, pero solo para rescatar al plan fiscal. Al final, tampoco resultó efectiva. El área de salud padeció la falta de una ley general, no se concretó el Hospital del Cáncer, convaleció la propuesta de cirugías vespertinas y hubo un retroceso en el combate al dengue. Hubo puntos altos, como la creación de la Procuraduría contra la Corrupción, la Academia de Policía y las mejoras en seguridad y agilidad registral. A pesar de que se declaró como actividad de interés nacional, el turismo ni siquiera recibió el respaldo para reformar el marco legal. En el sector de vivienda se cumplieron promesas como aplicar medidas para combatir la corrupción, con auditorías de calidad y manuales para las constructoras. Se quería definir una política laboral de largo alcance, consensuada entre trabajadores y patronos. Pero la definición de la política pública, anunciada en el 2005, quedó pendiente. |
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