Economía y Política # 647
País pierde negocios sin la Unión Aduanera
Empresarios exigen libre paso en fronteras de la región

archivo GN /PARA EF
Plásticos Modernos ha perdido negocios en Guatemala y El Salvador, tras verse imposibilitado de entregar a tiempo un pedido de urgencia.
Musmani y Pozuelo también se han visto amarradas de pies y manos para concretar varias de sus exportaciones a la región.
Las tres empresas forman parte de la lista de empresas nacionales víctimas de la burocracia fronteriza en Centroamérica que les impide llegar a tiempo hasta sus clientes en forma expedita.
La desventaja competitiva es muy alta a sabiendas que los países del Triángulo Norte (Guatemala, Honduras y El Salvador) tienen paso libre por sus fronteras.
Mientras los nacionales tardan un promedio de tres días para llevar su producto a alguno de esos tres países, entre ellos lo logran en horas.
Están más cerca geográficamente, sí, pero los nacionales aseguran que si se abrieran todas las fronteras reducirían el tiempo de tres días a uno.
Para superar esta desventaja, los costarricenses esperan que la región avance en la Unión Aduanera, cuyo marco jurídico fue firmado por los presidentes centroamericanos el pasado 12 de diciembre en Guatemala.
Ese marco jurídico establece las etapas para desarrollar el proceso de integración económica de la región centroamericana a un plazo indefinido.
Sin embargo, para los empresarios lo urgente son cuatro cosas: que el 96% de los bienes armonizados tenga paso fluido por la zona y que se comience a armonizar el 4% restante mediante calendario.
Además, que se acelere el sistema electrónico de las aduanas para agilizar los trámites y que se deseche la idea de que los controles fitosanitarios y sanitarios estén en las fronteras.
Si el Gobierno les resuelve estas necesidades, Jack Liberman, de Plásticos Modernos (sector industrial), y Franco Pacheco, de Musmani (industria alimentaria), entre otros exportadores, podrán decirle sí a esos negocios que hoy pierden.
“Si tuviéramos tránsito fluido no habría tanta desventaja frente a los empresarios del Triángulo Norte ”, indicó Liberman.
40%
de las exportaciones de la industria alimentaria nacional van para la región centroamericana.
Estas pérdidas no son contables, pues dejan de ingresar a los números de las empresas. Ante la firma del marco jurídico, el Gobierno se compromete a seguir profundizando la integración económica.
En tres etapas
Esa profundización se hará en tres etapas, afirmó la viceministra de Comercio Exterior (Comex), Amparo Pacheco.
A corto plazo, agilizarán el comercio mejorando los servicios y la infraestructura de la Aduana de Peñas Blancas (fronteriza con Nicaragua).
En el mediano plazo, pretenden concluir la armonización del arancel externo común (el 4% que falta), establecer las aduanas periféricas como puntos de entrada de mercancías de terceros estados, armonizar la normativa regional en comercio y promover la convergencia de los diferentes tratados comerciales.
La última etapa, explicó Pacheco, será adecuar la institucionalidad regional a las características de un mayor nivel de integración, conforme ocurra.
Los exportadores nacionales son escépticos de lo que ocurra a partir de lo firmado por los mandatarios.
“Del dicho al hecho hay mucho trecho... Ojalá que sí se logre, hay muchos anuncios, pero no sabemos cuánto se concretará”, indicó Tomás Gilmore, gerente general de Sardimar, quien reconoce que el freno de las fronteras también los ha afectado.
“El papel aguanta lo que le pongan”, indicó Mario Montero, director ejecutivo de la Cámara de la Industria Alimentaria (Cacia).
El istmo corrió con la armonización arancelaria en el marco del acuerdo de asociación que se pretende firmar con la Unión Europea, pero los sectores nacionales insisten en que el proceso tiene que ser propio de la región en lugar de actuar por una exigencia europea.
Aunque los empresarios son recelosos con sus cifras, varios reconocieron que las trabas fronterizas se manifiestan también en más costos para viáticos a los transportistas.
Esos costos se reflejan en el precio final del producto, que cuando llega a su destino lo hace más caro que el resto de la región centroamericana y por consiguiente menos competitivo.









