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Artículos Edición # 650

El 2008 los empequeñeció

El Financiero

Carlos Cordero Pérez

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Scientia

Cómo vivir juntos

Rodrigo Gámez

La convivencia entre individuos de una misma especie, o entre individuos de especies diferentes, constituye un tema de interés no solo para biólogos sino para quienes se ocupan del comportamiento social, particularmente el humano. En realidad, algo de interés para todos.

Pero en realidad podríamos entender mucho mejor nuestro propio comportamiento si nos interesamos también en comprender el de otras especies de seres vivos. Y hallaríamos cosas asombrosas.

Veamos como ejemplo el caso de la simbiosis, que trata de las relaciones que establecen dos tipos diferentes de individuos que viven juntos. Las relaciones simbióticas no son casuales. Por lo contrario, son persistentes, de largo plazo, y como resultado de ellas, ambas partes sufren modificaciones importantes.

Los especialistas reconocen tres grandes tipos diferentes de relaciones simbióticas. El mutualismo es el caso en que ambos organismos participantes se benefician. Es el que tenemos los humanos con las bacterias y protozoarios que viven en nuestro tracto digestivo, y que a cambio nos procesan los alimentos.

Otro tipo de relación es el comensalismo, como la orquídea que crece sobre el tronco de un árbol, que le da apoyo. Una especie se beneficia, mientras que la otra ni se beneficia ni sufre daño.

Existe también el caso en que el beneficio es solo para una especie, en tanto que la otra sí se ve perjudicada. Esto es el parasitismo, ejemplificado por la garrapata que se adhiere externamente al cuerpo de un animal y chupa su sangre. Estos “depredadores” son más pequeños y sencillos que su “presa”.

En la naturaleza no hay organismos buenos ni malos. Todos llenan un nicho y cumplen una función específica dentro de un equilibrio dinámico. Han aprendido a vivir juntos, desde hace mucho tiempo.



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