Opinión
Editorial
A evaluar el teletrabajo
El teletrabajo consiste en el desempeño de una actividad laboral, principalmente profesional, sin que medie la presencia física del trabajador en la empresa; la vinculación y la comunicación se mantiene por medios telemáticos.
Implementar el teletrabajo en el sector público fue una de las recomendaciones de la iniciativa Costa Rica Digital como mecanismo para profundizar en la digitalización del país. Antes de que los especialistas de Costa Rica Digital emitieran su sugerencia al Gobierno, en noviembre del 2007, el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) decidió aprovechar su fortaleza interna –redes de comunicación– para enviar a sus casas, a trabajar, durante tres días de la semana a un grupo de 12 empleados. Los resultados de ese plan piloto, que arrancó con la presunción de un ahorro de cerca de un millón de colones al año por cada empleado en su casa, han impulsado al ICE a dar un paso más: extender a toda la entidad el proyecto.
Ambas referencias sirven de base para que EF vuelva a tocar el tema en sus páginas y para que esta vez, desde este Editorial, hagamos un llamado a los empresarios a evaluar, entre sus medidas de ahorro, esta modalidad laboral. Lejos de pretender que se tomen decisiones inmediatas, nuestra recomendación es que los empresarios y funcionarios en posiciones de liderazgo en las empresas valoren los siguientes pasos que se darán en este tema en el país y analicen con detalle los beneficios y riesgos que puede tener la aplicación del teletrabajo.
Por una parte, la Secretaría Técnica del Gobierno Digital, adscrita a la Presidencia de la República, espera para fin de mes una política de impulso al teletrabajo en el sector público. El propósito es además ser guía en la aplicación de planes piloto en distintas instituciones del Estado y definir acciones conjuntas de comunicación que le den sostenimiento a la iniciativa. También, a nivel del sector privado, EF conoce de la existencia de reuniones para evaluar buenas prácticas de parte de empresas que lo aplican, entre ellas Intel y Microsoft, y la Cámara de Comercio Costarricense-Norteamericana (AmCham) prepara también una guía práctica para que las empresas conozcan más sobre esta modalidad y la forma de implementarla.
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Si las acciones públicas y privadas son debidamente coordinadas, no dudamos de que las limitacioneslegales que pueden existir para el teletrabajo pueden superarse. No se puede perder de vista que, además de los beneficios para impulsar la digitalización y reducir costos, el teletrabajo permite fomentar la productividad –según su forma de aplicación y los puestos en que se realice– y es un instrumento de motivación laboral.
Sin embargo, también existen riesgos. No son todas las organizaciones ni todos los empleados los que están preparados para esta modalidad de trabajo. No debería aplicarse de forma masiva y más bien debe haber un proceso paulatino y selectivo, con fuerte seguimiento y supervisión. La existencia y buen funcionamiento de mecanismos de comunicación y de tecnología es fundamental para el éxito del proyecto.
Además, la buena asesoría es fundamental. El rol de los gremios empresariales será clave y esperamos que procuren responder oportunamente a las necesidades y dudas de sus afiliados. Es conveniente crear un marco regulatorio y que se establezcan lineamientos de trabajo al empleado, los cuales este debe aceptar. Se debe orientar el esquema a trabajadores interesados en hacerlo y definir las condiciones en el caso de nuevas contrataciones. El Código de Trabajo sigue siendo el marco legal general sobre el cual debe regirse el teletrabajo. Y hay que considerar que, así como en la empresa se aplican acciones para impactar positivamente el clima laboral, en el nuevo escenario de trabajo, el hogar, hay demandas y condiciones diferentes para las que la empresa debe estar preparada.
Está sobre la mesa un reto y una oportunidad muy interesante para el sector público y privado del país.
