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Artículos Edición # 676
El 81% de los hogares costarricenses evita dejar la casa sola y el 63% no va a conciertos, estadios o festejos populares.
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El 81% de los hogares costarricenses evita dejar la casa sola y el 63% no va a conciertos, estadios o festejos populares.
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Una doble crisis
La encuesta del proyecto Inteligencia Financiera, de EF, que publicamos en esta edición, nos ofrece tres visiones distintas de la inseguridad ciudadana: la percepción, entendida como unificación de sensaciones en una experiencia; la realidad objetiva o directa, y la reacción ante el peligro.
En cuanto a la percepción, el 90% de los hogares se siente inseguro y el 40% temer ser asaltado. Y si el espíritu (el conocimiento) preside los actos humanos, es dable imaginar su impacto en todos los ámbitos del país. Un hito ominoso en nuestra historia. Por otra parte, la tercera parte de estas familias ha sido víctima, en cualquiera de sus miembros, del hampa (robo, asalto, bajonazo, etc.), lo que agrava la percepción. Esto explica por qué la gente percibe más inseguro el país que el propio barrio y por qué, desde el punto de vista institucional, confía más en la Sala Cuarta, porque resuelve casos concretos, y en el OIJ, que presenta logros, que en el Poder Ejecutivo y la Asamblea Legislativa, que deben hacerle frente a la totalidad del problema.
Esta desviación o confusión de lo institucional representa por sí misma un problema, que complica la situación, al punto que admite, acríticamente, la coexistencia de la seguridad privada con la pública, una conclusión inimaginable hace solo diez años. Curiosamente, sin embargo, los encuestados no hacen hincapié en la impunidad imperante por muchos años ante la violencia, como causa de su agravamiento, pero sí sobrepone el papel de la educación (vía preventiva) al de la represión, solución correcta a mediano y largo plazos, no así a corto plazo, donde la autoridad (el imperio de la fuerza), en el marco del derecho, debe tener, en las circunstancias actuales, una función protagónica.
Acorde con la vía preventiva, el 67% de los encuestados demandan más escuelas y solo un 19%, más cárceles. Y, por primera vez, la exigencia de programas educativos (46%) supera el aumento de las penas (40%), que era la reacción política (¿evasión?) socorrida. Esta demanda educativa figura, sin embargo, en la encuestas, mas no se refleja en una reacción coherente en la actitud de las familias por la calidad de la educación. La coherencia, ante el acoso de la inseguridad, sí se concreta con vigor en los cambios habidos en el modus vivendi de las familias. En efecto, el 88% de los hogares evita dejar la casa sola, el 63% rehúye lugares concurridos (estadios, conciertos etc.), el 61% invierte en reforzar la seguridad de la casa, el 53% aleja a sus niños de los juegos en la calle y el 51% ha disminuido la concurrencia a cines, restaurantes y bares.
Estos últimos datos ponen de manifiesto un cambio significativo en el presupuesto familiar, que obviamente afecta el comercio dedicado a la diversión o al espectáculo, no así la compra de armas, los bienes de seguridad o la contratación de policía privada o comunitaria. Estos cambios, orientados al ahorro o al consumo necesario, se tornan más notorios al coincidir con la crisis mundial del petróleo y de los alimentos, y con la economía interna de EE. UU. Las consecuencias no se centran, sin embargo, en lo económico o en el trabajo. Los cambios en el modus vivendi , por razones de seguridad, dadas la creciente percepción y la realidad objetiva, suponen también, como lo refleja la encuesta, cierto fortalecimiento de los valores familiares, de la solidaridad y de la vida doméstica.
Tenemos, pues, una doble crisis: la económica, de alcance nacional y mundial, y la de la seguridad ciudadana. Ambas se imbrican en nuestro país. A las dos debemos hacerles frente. Esta doble crisis traerá consigo, como nos lo demuestra la historia humana, cambios importantes en la vida personal y social, en el Estado, en las empresas y en las familias. Nuestra capacidad para imaginar, innovar y reformar determinará nuestro futuro. Los tímidos y tardíos cambios propuestos en estos meses anuncian nuevos días y nuevos horizontes. El nadadito de perro está, por necesidad, llegando a su fin.
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