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Opinión

Un delicado experimento

Luis E. Loría

“Jamás imaginamos que el mercado cambiario fuera ineficiente y que nos iba a dar tantos problemas”.

Ese fue el comentario de un funcionario del Banco Central de Costa Rica (BCCR) cuando le expresé mi preocupación por la crisis que desató el experimento cambiario.

Cuando se trabajó en el diseño del esquema de bandas, simplemente, no se tomó en cuenta dentro del análisis el hecho de que el mercado cambiario costarricense es ineficiente. ¡Pequeña omisión por parte de los encargados del diseño de política cambiaria!

Lo que pasó, en términos muy sencillos, fue que el Central se corrió el riesgo de experimentar, sin contar con un análisis adecuado de lo que podría salir mal. El laboratorio en el que se puso a prueba el experimento fue nuestra economía y, por ende, las consecuencias negativas las pagaremos todos los costarricenses.

El sistema de bandas no pasó la prueba ácida del mercado.

Economista

lnstituto de Investigaciones en Ciencias Económicas, UCR

Al contrastar el plan trazado por el BCCR con la realidad que vivimos desde que entró en vigencia el esquema de bandas, es claro que el experimento: a) no contribuyó a eliminar la inercia inflacionaria y reducir la inflación, b) no ayudó a reducir los elevados costos financieros para el BCCR por concepto de esterilización (la “defensa” del piso de la banda cambiaria aumentó los costos) y c) no eliminó el problema de pérdida de efectividad de la política monetaria en el mediano y largo plazo.

¿15 años más?

Ante el fracaso del experimento, las autoridades del BCCR, el FMI y quienes lucran de procesos especulativos salieron en su defensa con dos argumentos. Primero, que “están trabajando en corregir las imperfecciones en el mercado”. Eso, lamentablemente, es imposible. Los instrumentos de cobertura se convirtieron en el principal caballo de batalla para luchar contra la amenaza que representa ese molino de viento imaginario.

Ese tipo de instrumentos es útil para protegerse del riesgo cambiario (algo que se puede estimar), mas no sirven para protegerse de la incertidumbre cambiaria (solo se reduce con más información, que el BCCR no proporciona). Además, solamente serán de utilidad para grandes inversionistas sofisticados, no para todos los ciudadanos.

Segundo, es que estamos en un “proceso de aprendizaje” que puede durar hasta 15 años. Lo que omiten, nuevamente, en sus análisis es el impacto real en la economía y, de manera menos abstracta, en las empresas y las personas.

Los costos del experimento cambiario ya son visibles en términos de inversión, expectativas de crecimiento y preocupación por la expansión crediticia que se dio en el sistema financiero. ¿Estaremos dispuestos los costarricenses a pagar los costos del experimento del BCCR por 15 años más?

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