Opinión
Artículos Edición # 673
Banca de retroceso
Algunas disposiciones de la Ley del Sistema de Banca para el Desarrollo (SBD) son un retroceso en la modernización del sistema financiero que no tiene justificación, aun cuando se enarbole el objetivo de ampliar el acceso al crédito de poblaciones excluidas.
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ENFOQUES
Una moneda mundial
Dennis Meléndez
Las generaciones actuales hemos visto procesos de devaluación y revaluación de la moneda, en periodos relativamente cortos. Hemos visto, en la práctica, los efectos de ambos fenómenos, que producen ganadores y perdedores. Mientras la devaluación traslada los efectos rezagados de los precios locales a los precios de los bienes que se pueden comerciar internacionalmente, lo cual frecuentemente se confunde con un efecto inflacionario, la revaluación debería causar lo contrario.
Muchas veces los mismos ganadores se unen a los perdedores, por ignorancia o por solidaridad, para pedir la reversión de la tendencia cambiaria.
La situación actual se ha entremezclado con otros acontecimientos económicos: el alza en los precios de los energéticos, de largo plazo, así como de los alimentos y materias primas, de menor duración. Eso ha producido una mezcla de efectos que hace indistinguible los resultados de cada uno de los fenómenos. Si a eso se agrega el ingrediente, en el caso costarricense, de la implantación de un nuevo régimen cambiario, el panorama resulta aún más complicado.
Muchas personas se sienten desorientadas: ¿deben vender o comprar propiedades y moverse o abandonar los mercados financieros? ¿Deben dolarizar o colonizar sus deudas, ahorros y salarios?
La incertidumbre tiene consecuencias que se traducirán, seguramente, en pérdida de productividad en todos los sectores económicos. Se supone que, con suficiente tiempo, los agentes se acostumbrarán a la nueva realidad y los efectos reales se aminorarían, pero no es fácil. El ciclo de auge experimentado, en meses anteriores, pareciera destinado a dar paso a uno recesivo, cuyos indicios ya se asoman.
Debería replantearse la insensatez de que cada país tenga su propia moneda, y volver a la idea de Keynes, de crear una sola moneda mundial. Pero los prejuicios políticos crean una barrera infranqueable, en un tema que debería ser técnico.