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Estilos de Vida

Artículos Edición # 658

Los caballos ticos se van volando

El Financiero

Tatiana López Gianoli

En medio de las pacas de alimento y los aperos que cuelgan en las cuadrillas costarricenses, más de 250 caballos alistan cada año su pasaporte y esperan el vehículo que los llevará al Aeropuerto Juan Santamaría.
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CLASE EJECUTIVA

No solo de publicidad...

Ana Istarú

…vive el hombre. La publicidad miente y todos lo sabemos. Como mentimos los actores fingiendo ser príncipes daneses o hechiceras de la antigüedad. Mentimos todos pero nadie se escandaliza: es una convención.

Compramos el jabón seguros de que no lo usan las estrellas ni para lavarles las patas traseras a sus mascotas. Ese no es el problema.

El problema es lo que la publicidad contamina nuestro espacio visual.

Con el agravante de que no se protesta mucho contra ella: la aceptamos mansamente como un síntoma del progreso, en cuyo nombre se tapizan indefensos potreros con una ininterrumpida sucesión de vallas publicitarias, para desconsuelo de vacas y paseantes que no podemos más que rumiar nuestra nostalgia e indignación.

Los turistas bajan del avión y buscan el paisaje prometido para constatar horrorizados que pagaron por adivinarlo.

Conducimos entre las presas diarias y una amalgama avasallante de piernas y posaderas nos roza la nariz desde el autobús del frente, para vendernos algo tan anodino como un calcetín.

Quien ve fútbol no ve fútbol, ve una marca de margarina arrebatarle la pelota a otra de navajillas. Los jugadores perdieron su dignidad sepultados bajo el peso de los logos: son casi el hombresándwich que anunciaba baratillos. La publicidad saquea cementerios: ha invadido hasta los obituarios.

Ya no importa el muerto, lo que lastima los ojos es el nombre de la empresa.

Si uno va a comer comida rápida, recibe su merecido: hay publicidad en la bandeja, en la bolsita, en el vaso, en la mesa. En la primera cita el galán no trae un decímetro cuadrado de camisa donde no se lea la bendita marca. Parece que recibe comisión.

La contaminación visual, salvaje y sin coto, no es un síntoma inequívoco de desarrollo. Todo lo contrario. Buena prueba es la estricta regulación que sobre ella se ejerce en los países ricos. Ni tontos que fueran. Basta, pues, señores publicistas. Seduzcan con ingenio, no secuestren. Está bien que la publicidad mienta, pero por lo menos que no asfixie.



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