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Scientia

Unos ganan, otros pierden

Rodrigo Gámez

Este tema de ganar y de perder, tan usual en materia comercial y económica entre humanos, se da también entre muchos otros seres vivientes.

Un individuo que se alimenta de otro se denomina un “depredador” y la depredación constituye uno de los diferentes tipos de relación que se establecen entre individuos, eso sí, no de la misma especie. El que es comido es el perjudicado, mientras que el depredador es el único beneficiado.

Pero además, hay formas especializadas de depredación y una de ellas es la conocida como “parasitismo”. Los parásitos establecen una relación muy estrecha con sus víctimas, sus hospederos, que pueden ser tanto animales como plantas, y se especializan en alguna o algunas especies.

Los parásitos son más pequeños que sus presas. Aquí no se da aquello de que el más grande es el más temible y poderoso. Es más, muchísimos son microscópicos, lo cual no guarda ninguna relación con su capacidad parasítica, convirtiéndolos en verdaderos depredadores invisibles.

Además, los parásitos pueden ser externos o internos. Las conocidas garrapatas y otros chupadores de sangre son un buen ejemplo de parásitos externos, mientras que las amebas, lombrices y muchos microbios como las bacterias se encuentran entre los internos y microscópicos.

Los parásitos internos tienden a ser aún más especializados que los externos, porque cuanto más estrecha sea la relación con su hospedero, más cambios van a sufrir en su forma y su comportamiento.

Al albergarse en ciertos órganos, tejidos o células de su huésped, se simplifican pues ya no ocupan ciertas características originales de forma o no tienen que realizar ciertas funciones que ahora su víctima se las suple. Ciertamente, el entender estas complejas e interesantes relaciones nos permite ver otro mundo, un tanto invisible a nuestros ojos.



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