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Artículos Edición # 690

Qué viene en celulares e Internet

El Financiero

Carlos Cordero Pérez

Con la apertura del mercado de telecomunicaciones se acabarán las listas de espera para obtener una línea celular. Usted podrá ir a la tienda de alguna de las compañías que se instalarán en el país y escoger un teléfono entre varias docenas de modelos diferentes.
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Editorial

Una esperada apertura

Hace apenas algunas semanas el 30 de junio del 2008, se publicó la Ley Nº 8642 ( Ley general de telecomunicaciones ), mediante la que se estableció el marco regulatorio para el uso y explotación de las redes y la prestación de los servicios de telecomunicaciones en el país.

Como se sabe, su promulgación está ligada al referendo en el que el pueblo dio su visto bueno al Cafta, por ser esta una de las leyes de implementación de ese tratado, y su efecto más visible es haber roto el monopolio del ICE-Racsa y permitir la competencia en la provisión de los servicios de Internet, telefonía móvil y de las comunicaciones intracompañías.

Sin embargo, el fin último de esta reforma es, como lo dice incluso la letra de la ley, “aumentar la disponibilidad de servicios, mejorar su calidad y asegurar precios asequibles” para los consumidores. Este objetivo legal parte de una premisa irrefutable: el rezago tecnológico en que nos encontramos por el prurito ideológico de quienes, por más tiempo de la cuenta, retrasaron esta cita con la innovación y el progreso. Hasta nuestros hermanos centroamericanos, que otrora veían con admiración y respeto los adelantos que disfrutábamos en el campo de las telecomunicaciones, nos llevan ya la delantera en algunos segmentos.

Para muestra un botón: según datos de la UIT, la presencia de la inversión extranjera en los mercados de telefonía celular de la región permitió crecimientos, entre el 2002 y el 2007, del 47% en El Salvador (alcanzándose una penetración del 89,50%), 45% en Guatemala (con una penetración del 76%), 62% en Honduras (con una penetración del 30,44%), del 55% en Nicaragua (con una penetración 38%) y de 35% en Panamá (con una penetración 72%). Mientras tanto, Costa Rica, en el mismo periodo, apenas creció 25% y alcanzó a tener una penetración del 34%. Estos números son reveladores; hoy día, a duras penas, solo logramos superar a Honduras, uno de los países más pobres del continente.

Y es que el desarrollo de las telecomunicaciones, en particular los avances de la telefonía móvil y del acceso a Internet de alta velocidad o banda ancha, va de la mano con los adelantos de la tecnología en todos los campos. De hecho, los rasgos positivos que caracterizan a la tecnología de la información (innovación constante, ciclos de desarrollo muy cortos, y disminución permanente de costos) propulsan casi que inmediatamente la innovación en las comunicaciones.

Ello ha provocado que, en la actualidad, se hable de usos hasta hace poco inimaginables y que para los próximos años la comunicación entre máquinas (M2M) llegue a superar, en número y volumen, la comunicación entre los seres humanos. Estas innovaciones tocan ya las puertas del entretenimiento, pero también las de la medicina (control de pacientes), la seguridad (alarmas, emergencias), el control vial (peajes y multas), la supervisión parental (control de donde están sus hijos), la prevención de accidentes (comunicación automática entre automóviles), el ahorro energético (encendido y apagado de iluminación), etc. En suma, se trata de herramientas indispensables para mejorar la competividad, productividad y bienestar de cualquier sociedad moderna.

Por estas razones, deben recibirse con agrado las muestras de interés expresadas por los distintos proveedores, según informamos en esta misma edición, y se torna indispensable que las autoridades reguladoras evidencien un compromiso inquebrantable con la apertura y promoción de la competencia y, en particular, con una aplicación inteligente de la normativa que está por estrenarse y de los mecanismos de control que se utilizarán para que este mercado funcione pronto y eficientemente en beneficio de todos los usuarios. No otra cosa merecen los costarricenses, luego de tantos años de espera y autoflagelación tecnológica.



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