En Números
¡Cómo costó abrir un fondo!
Kattia Bermúdez M.
Entré al banco con el bolso bien apretado a mi cuerpo. Ahí llevaba unos ahorritos. Nada hacían en la gaveta. Muy sofisticado el banco, pintaba un servicio de calidad. Llegó mi turno y con ficha en mano me acerqué a la plataforma de servicio. El joven de la corbata roja me atendió con esa sonrisa que intenta darte confianza. –“Quiero invertir un dinero, ¿qué opciones tengo?”, pregunté. –“Una cuenta de ahorro o un certificado a plazo”, escuché. –“¿Y qué tal un fondo de inversión?”... Lo desarmé. Su sonrisa desapareció, pidió ayuda a sus colegas de plataforma y al final decidió prestarme su teléfono para que yo hablara con una que sí sabía sobre fondos. Salí del banco con mi dinero en la cartera.
Tras de que soy una inversionista conservadora, un servicio como ese y un empleado inseguro no alimentan los deseos de invertir. Aún así insistí. Cambié de banco –obvio– y en lugar de acudir a una plataforma decidí romper el mito de que como soy inexperta no iba a entenderle a un especialista. Entonces, llamé a la SAFI del banco por el Correo y ofrecieron visitarme en mi oficina. Más práctico y seguro. Me dijeron que para abrir un fondo solo ocupo copia de la cédula, de la orden patronal y un recibo de agua o teléfono, además de cumplir el monto mínimo. Ni siquiera es obligatorio abrir una cuenta de ahorros. Mejor, menos trámites. Llenar unos formularios, depositar el dinero... Listo. Aún así, con cartera en mano, fui al banco para ver con quién haría negocios.
En 45 minutos recibí instrucción sobre qué es un fondo de inversión abierto y a la vista, como el que buscaba (les dije que era conservadora), cómo funciona, qué ventajas ofrece frente a un certificado como el que pretendieron venderme antes y los pasos a seguir ahora convertida en inversionista.
Bancos: tomen nota, falta más capacitación en plataformas. Y usted, si lo intenta, mejor siga el camino directo.