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Opinión

Repercusiones made in EE. UU.

Gilberto Arce

Los hechos en el sistema financiero de los EE. UU. se parecen a las corridas bancarias previas a la Gran Depresión de la década de los 30.

Comparte, además, esta crisis, dos similitudes previas a ese episodio: Primera, una burbuja especulativa en el mercado inmobiliario a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Segunda, una laxa regulación de los mercados financieros en la décadas que iniciaron en 1910 y 1920.

Los rescates financieros que han realizado la Reserva Federal y el Departamento del Tesoro, entre otras entidades de gobierno local y federal, tendrán un impacto negativo en los contribuyentes en EE. UU. pero también aquí, por lo que conviene analizar opciones de política.

Según parece, la venia salvadora de las autoridades reguladoras y de gobierno de los EE. UU. se basa en evitar una mayor propagación del sistémico fenómeno.

En el pasado, las crisis en EE. UU. han impactado negativamente al país.

Por ejemplo, la Gran Depresión golpeó severamente la economía nacional: Las exportaciones disminuyeron, en promedio, a un ritmo del -18% y las importaciones al -36% para el periodo 1930-32.

Esto, empero, no debe alarmar debido que la economía nacional ha logrado diversificar la variedad de productos que produce y exporta, así como los destinos.

También, la economía de Costa Rica hoy es menos agrícola y tiene una estructura muy diferente a la de 1930.

Lo que debe preocupar a los diseñadores y ejecutores de política económica nacional son las medidas internas para minimizar el impacto sobre la economía local.

“Los rescates financieros en EE. UU. tendrán un impacto negativo en Costa Rica”.

Economista

Socio Consultor Ecoanálisis

Primero, se prevé una disminución de la cantidad de billetes y monedas (liquidez) en la economía, debido, en parte, a las condiciones externas.

Sin embargo, no parece conveniente seguir una dura política monetaria debido a que precisamente esto tenderá a disminuir, aún más, el ritmo de los negocios del país. Aunque no es el caso de Costa Rica, al parecer, uno de los grandes errores previos a la Gran Depresión fue restringir la oferta monetaria, hecho que profundizó la crisis.

Segundo, presuntamente bajarán las exportaciones debido al menor poder de compra en EE. UU. Es decir, disminuirá el ritmo al que ingresan dólares al país. Lo cual, junto con la actual política cambiaria, “minidevaluaciones” en el techo de la banda, tendería a reducir el monto de las divisas de que dispone el país.

Al respecto, debe prestarse atención a la evolución del tipo de cambio debido a que las fragilidades en los mercados globales incentivan a los inversionistas a buscar la forma de “parquear” sus pérdidas o buscar invertir en mercados emergentes, ahora relativamente más seguros, debido a la turbulencia financiera en EE. UU.

Tercero, la disminución en la producción de la economía local se reflejará en una menor demanda de productos y servicios locales e importados.

Esta situación se paliaría con una mayor liquidez en la economía (como se mencionó antes), junto con menores restricciones de acceso al crédito y un mayor gasto público productivo. A menos, por supuesto, de que el país esté expuesto a un desplome crediticio; situación que los números disponibles no respaldan.

Pro y contra

Cuarto, en el sector inmobiliario los resultados serían mixtos. Por un lado, habrá menos recursos para adquirir propiedades a nivel local.

Pero, por otro lado, los inversionistas, principalmente extranjeros, tratarán de cubrir la exposición a pérdidas mediante inversiones seguras en bienes raíces, siendo Costa Rica una buena opción.

Quinto, la política de tasas de interés debe ser consistente con mantener reactivada la economía local; sin motivar, por supuesto, que el país se inunde de capitales especulativos.

Por todo lo expuesto, conviene que las autoridades monetarias y fiscales evalúen, conjuntamente, el impacto potencial del terremoto financiero en EE. UU. y se tomen medidas tendientes a minimizar las distorsiones en la distribución del impacto.

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