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Sin efectivo no hay trabajo

El capital de trabajo debería ser tratado con la importancia que se merece

Me preocupa que de acuerdo con un artículo publicado recientemente en el Wall Street Journal Americas , el 72% de las líneas de crédito otorgadas en Estados Unidos durante el primer trimestre del 2009 a empresas con grado de inversión, vencen en menos de un año plazo y ninguna recibió líneas a cinco años plazo.

Parece que no aprendimos nada de la crisis actual. Porque si algo debería habernos quedado claro es que, contrario a la arraigada creencia popular, las necesidades de capital de trabajo de una empresa no son de corto plazo, a menos que estas sean estacionales o se espere una reducción permanente en las ventas.

El capital de trabajo le permite a la empresa cumplir con sus obligaciones mientras espera cobrar las ventas a crédito hechas a sus clientes.

Es un hecho para la mayoría de los negocios que existe una brecha entre cuándo pagamos y cuándo cobramos.

En otro artículo me referí a esta brecha como el ciclo de conversión de efectivo. Las necesidades de capital de trabajo se originan entonces por la diferencia entre lo que la compañía debe invertir en inventario y cuentas por cobrar, y lo que los proveedores le otorgan en financiamiento a través de sus cuentas por pagar.

De acuerdo con las convenciones contables tradicionales, estos rubros se consideran de corto plazo debido a que se transforman en efectivo en menos de un año plazo.

Una conclusión errada

Esto nos llevó por muchos años a considerar las necesidades financieras originadas por el capital de trabajo como de corto plazo. El problema con esta conclusión es que ignora la realidad de la empresa como negocio en marcha.

El ciclo operativo de la compañía comienza con la compra de mercadería, o en el caso de las empresas manufactureras la compra de materia prima.

Esta se mantiene en inventario por un periodo de tiempo determinado, ya sea como inventario de materia prima, de producto en proceso, o de producto terminado.

Si vendemos a crédito, cambiamos el inventario por cuentas por cobrar, que eventualmente se transformarán el efectivo cuando nuestros clientes nos paguen.

“Aún hoy muchos libros de texto sugieren que la salud de corto plazo de la empresa puede ser medida por indicadores como la razón circulante”.

Ph.D., profesor del Incae

Consultor en finanzas, gobierno corporativo y empresas

El problema radica en que si queremos mantener un nivel de ventas similar o hacerlo crecer, necesitamos al menos una parte de este efectivo para alimentar el siguiente ciclo operativo.

Por lo tanto, para la empresa en marcha las necesidades de capital de trabajo no son de corto plazo, sino permanentes.

El riesgo de satisfacer necesidades financieras permanentes con recursos a menos de un año plazo es que podemos quedarnos sin el combustible necesario para propulsar el desarrollo normal de nuestra compañía.

Eso lo aprendieron a las malas el año pasado empresas de la talla de AT&T. Aún una compañía sólida puede verse en problemas si se queda repentinamente sin liquidez.

El problema es que muchos de los financieros crecimos bajo la noción de que el capital de trabajo era de corto plazo.

Aún hoy muchos libros de texto refuerzan esta noción, e incluso sugieren que la salud de corto plazo de la empresa puede ser medida por indicadores como la razón circulante o la prueba ácida.

Estas razones que por alguna razón son adoradas por banqueros y analistas financieros, son malos indicadores de la habilidad de la empresa para pagar sus obligaciones de forma sostenible en el tiempo. El énfasis debe ser en la generación de efectivo.

Un ejemplo sencillo: un incremento en las cuentas por cobrar financiado con recursos de los accionistas aumenta ambos indicadores, pero reduce el efectivo generado por las operaciones.

¿Cómo se nos ocurrió que esto significa que tenemos mayor liquidez?

Ya es hora que actualicemos nuestra visión de este importante rubro financiero y que tanto banqueros como gerentes comencemos a tratar al capital de trabajo con la importancia que se merece.

So pena que si no lo hacemos, terminaremos como el dueño de un lujoso Ferrari último modelo que se quedó varado en la autopista porque no pudo volver a llenar el tanque de gasolina.

El principio sigue siendo el mismo: administrar la brecha entre cuando pagamos y cuando cobramos es vital para la salud de la empresa, en particular en tiempos de restricciones crediticias como los que vivimos.

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