Opinión
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Aprendiendo del dragón chino

Eva Paus

Para conseguir un crecimiento y bienestar sostenible, el Gobierno costarricense necesita dejar de lado el tratado de libre comercio con China (pendiente de ratificación legislativa) y, en su lugar, aprender la lección del éxito del desarrollo de China.

El motor del dragón chino y de los tigres asiáticos ha sido el compromiso inquebrantable con la construcción de capacidad local. Ese ha de ser el núcleo de Costa Rica Inc., una nueva estrategia comprensiva de desarrollo.

Un tratado de libre comercio con China sin restricciones reducirá significativamente las posibilidades de Costa Rica de alcanzar el desarrollo económico sostenible. Grandes segmentos del sector productivo de Costa Rica serán incapaces de competir con los exportadores chinos.

El déficit comercial con China alcanzará cotas imprevisibles y aquello que se espera de la inversión extranjera directa (IED) por parte de China no parece que vaya a conllevar un mayor crecimiento sostenible para Costa Rica que la IED de Estados Unidos y otros países occidentales. El desarrollo insuficiente de las capacidades locales es el motivo principal.

La capacidad interna de absorber la difusión tecnológica por derrame es reducida, y la cantidad y calidad del capital humano no permite a los inversores extranjeros y a los productores locales competitivos elevarse en la cadena de valor a una escala mayor.

Tanto China como Costa Rica han introducido notables reformas de mercado durante las últimas tres décadas; pero el foco de sus estrategias ha sido muy diferente, al igual que los resultados.

Costa Rica, como la mayor parte de América Latina, ha confiado principalmente en la liberalización del comercio y en la inversión extranjera para generar crecimiento y cambios estructurales, con el desarrollo de capacidades locales como una ocurrencia poco entusiasta de última hora.

China, en cambio, introdujo reformas de mercado en el contexto de una estrategia de desarrollo cuyo principal objetivo era avanzar en la expansión de sus capacidades tecnológicas, al principio sobre todo a través de la inversión extranjera, pero también cada vez más a través de la promoción de las capacidades propias de innovación.

Los planes estratégicos y las políticas proactivas fueron clave en el desarrollo de la competitividad de China en los bienes de alta tecnología.

Por ejemplo, a través del programa Torch, el Gobierno estableció parques de ciencia y tecnología por todo el país. Y por medio del programa Spark, estaciones de demostración tecnológica, especialmente en las zonas rurales.

Entre 1995 y 2005 China dobló los gastos destinados a investigación y desarrollo, del 0,7 al 1,4% del PIB, un hecho sin precedentes en la historia del desarrollo.

“Grandes segmentos del sector productivo serán incapaces de competir con los exportadores chinos”.

Profesora de Economía

Mount Holyoke College, Massachusetts, EE. UU.

La cuestión no es que China lo haya hecho todo bien.

El crecimiento de China ha venido acompañado de un agudo deterioro en la distribución de los ingresos y una grave destrucción medioambiental.

En Costa Rica, la distribución de los ingresos ha ido a peor, pero se ha tomado mucho más en serio la sostenibilidad medioambiental.

Más bien, la cuestión es la lección vital que ofrecen China y los tigres asiáticos a otros países que quieran conseguir un cambio estructural sostenible: centrarse de forma inequívoca y continuada en el desarrollo de capacidades locales, por medio de políticas en todas las áreas principales que apoyen este objetivo.

A diferencia de China, Costa Rica es un país pequeño; pero eso no cambia la necesidad de hacer la construcción de capacidades la principal prioridad en cualquier estrategia de desarrollo.

Y no hay relación entre el régimen político y la continuidad en la estrategia económica, como demuestran los ejemplos de otros países como Irlanda.

De hecho, un elemento clave para la realización de una visión económica nacional son los procesos institucionalizados permanentes de negociación y cooperación entre los sectores público y privado en áreas estratégicas, donde el gobierno tenga un papel activo a la hora de conformar y llevar a cabo prioridades estratégicas con el fin de elevar la producción en la cadena de valor.

Un vacío

Ese elemento falta en Costa Rica. El país tiene algunas instituciones de investigación excelentes, pero no forman parte de un tejido de investigación y desarrollo coherente.

Cinde ha tenido un éxito notable a la hora de atraer inversores extranjeros hacia actividades de alto valor agregado, pero no es parte integral de una red multiinstitucional centrada en el avance coordinado de empresas locales y extranjeras.

Costa Rica tiene también una institución destacable que promueve nexos entre los inversores extranjeros y las compañías locales, pero Costa Rica Provee es pequeña, está apartada de la financiación de empresas locales y no es parte de una estrategia comprensiva de construcción de capacidades locales.

Y gran parte del sistema de educación y capacitación de Costa Rica todavía se complace en las glorias del pasado, pero no hay mecanismos institucionales que aseguren que responda a las necesidades del presente.

El auge de China ha hecho más urgente que el país ponga en marcha Costa Rica Inc. Un tratado de libre comercio con China debería esperar hasta que el avance en las capacidades locales haya elevado el crecimiento de la productividad y la competitividad de Costa Rica.

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