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El Financiero

¿Retoñará el PUSC?

Fusión con otras fuerzas políticas es el camino más viable para sobrevivir

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En cuidados intensivos y con máscara de oxígeno. Así está el partido Unidad Social Cristiana (PUSC) después de gobernar 12 de los últimos 20 años, y disminuir su fuerza política de un 21% histórico a 3,86% en la última elección presidencial (en diputados y regidores ronda el 10%).

Como si fuera poco, tiene una deuda cercana a los ¢600 millones, entre pagos a la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), el Banco de Costa Rica y acreedores privados.

Enfrenta, además, la condena por peculado del expresidente Rafael Ángel Calderón (la cual está en fase de apelación ante la Sala Tercera), y además el juicio del expresidente Miguel Ángel Rodríguez, por presuntos actos de corrupción.

El próximo 3 de julio el partido tiene una asamblea para elegir su nuevo presidente, secretario general y tesorero.

La decisión que se tome podría marcar el rumbo del partido, pues los grupos tendrán que decidir entre reformar, fusionar o cerrar la empresa política.¿En esas condiciones, el PUSC puede resurgir?

Las tres rutas

La respuesta de las fuentes consultadas es sí, pero no sin sangre, y sin soluciones fáciles; es decir, sin lograr una alianza con otras fuerzas políticas en la que la Unidad podría perder, eventualmente bandera y hasta nombre, a cambio de preservar el ideario socialcristiano y aspirar a convertirse en el eje de la nueva alianza. Si no se opta por ella, hay otros dos caminos: dejar las cosas como están o cerrar la casa y abrir una nueva opción política.

EF consultó a 14 exministros y exdiputados del partido, analistas políticos y empresariales; algunos hablaron con la condición de no ser citados, otros dieron respuestas abiertas.

También se intentó consultar al expresidente Calderón, fundador del partido, pero no respondió. Sin embargo, en La República y a una semana de la asamblea del partido, Calderón mandó la señal a los socialcristianos de que se iba a mantener al margen de las luchas internas por el control del partido, al menos públicamente.

Este es el análisis de los tres caminos para el PUSC.

Primero: fusionarse

Ordenar la casa y luego hablar de una fusión con otros partidos de cara a las elecciones del 2010 es un discurso en el que coinciden los líderes que se disputarán el 3 de julio la dirección del partido durante la próxima Asamblea General.

Ellos son Humberto Vargas (con cercanía a Luis Fishman y a Rafael Ángel Calderón, según sus opositores); Gerardo Vargas y Jorge Eduardo Sánchez. Estos dos últimos negocian actualmente unir sus fuerzas para vencer al sector más tradicional.

De alguna manera, la Unidad está de vuelta a 1978, cuando los partidos de oposición a Liberación Nacional conformaron una coalición para disputarle la hegemonía a los verdiblancos.

Sin embargo, a diferencia de esa época, el PUSC no cuenta con un líder carismático, como lo fue entonces el candidato Rodrigo Carazo, para aglutinar a los distintos grupos, a pesar de las diferencias.

Además, está por verse si otros partidos de oposición, como el Movimiento Libertario, el PASE, y con menos probabilidad Acción Ciudadana, están anuentes a abrir sus puertas a los socialcristianos.

Cambiar de casa

La fusión con otros partidos no es la única opción que barajan los socialcristianos. Un grupo de exministros y exdiputados retirados del partidos, encabezados por Rodolfo Méndez Mata, Lorena Vásquez y Danilo Chaverri, y el exministro Alberto Trejos, creen que la única opción viable para el socialcristianismo es fundar un nuevo partido, una nueva empresa que pueda remozar la marca.

Para ellos, el PUSC no puede revitalizarse y la única opción es hacer un socialcristianismo aparte de las cúpulas actuales, con fuerte control del fundador del partido.

La crítica que le hacen a esta opción quienes están dentro de la Unidad, es que el grupo carece de bases y que no tendrían éxito, porque de cierta manera reproduciría el verticalismo que está en crisis como modelo político.

¿Mejor no hacer nada?

Existe otra posibilidad: dejar las cosas como están. Ninguno de los entrevistados la está considerando, porque significaría aceptar para el futuro a la Unidad como tercera y hasta cuarta fuerza, que sacaría algunos diputados y munícipes en las siguientes elecciones, mientras se agota el oxígeno que le da el calderonismo de hueso colorado, mayor de 50 años, y que constituye su último reducto, con fecha de vencimiento.

Los activos de la empresa

En este escenario, ¿qué tiene la Unidad como capital (fortalezas y oportunidades), y qué tiene como debilidades y amenazas?

El asesor empresarial Roberto Artavia, hace un símil entre una compañía y el partido.

Para él, el problema principal de la Unidad es que se trata de un partido muy identificado con los nombres y la imagen de personas que hoy afectan el respaldo popular a la Unidad: los expresidentes Rafal Ángel Calderón y Miguel Ángel Rodríguez, quienes enfrentan sendos juicios ante el Poder Judicial.

Según Artavia, cuando esto ocurre en una empresa, hay que enfocarse sobre otros elementos de su estrategia, como sus productos y servicios, su calidad, los aportes que hacen sus productos al bienestar de los consumidores, su tecnología, en fin “todo lo que no puede ser usado en su contra”, y que lo reconozcan como tal los clientes y los accionistas.

En el caso de la Unidad, Artavia sugiere “desligar el partido de los nombres comprometidos, y tratar de resaltar cómo las acciones históricas de la agrupación han creado bienestar y prosperidad para el país. Hay que usar otros nombres, como los expresidentes José Joaquín Trejos y Mario Echandi, sobre los que se puede reconstruir un ideario claro y de carácter socialcristiano”.

A diferencia del resto de fuentes consultadas, el exrector de Incae considera que el partido debe mantener su nombre y colores actuales, pero debe también enfocarse en logros, impacto, ideología, valores y renovación de figuras visibles, pero con tradición y prestigio.

Para Artavia, empezar un socialcristianismo nuevo, con otra imagen y partido, será muy costoso, a muy largo plazo y con muy bajas probabilidades de éxito. Apelar a la herencia histórica, tal y como lo plantea Artavia, puede tener sentido tomando en cuenta datos de Unimer Centroamérica.

Carlos Paniagua, presidente de la firma, explicó que los costarricenses aún reconocen en el socialcristianismo la herencia de las garantías sociales. Sin embargo, considera que la Unidad, como empresa, no es viable. Para él, se necesita algo refrescante, novedoso.

“La gente reconoce en Calderón Guardia las garantías sociales y las ve como una de las grandes contribuciones”.

El partido ha apelado especialmente a los estratos sociales más bajos, pero estos mismos sectores se sintieron lesionados en el gobierno de Abel Pacheco, lo cual afectó el respaldo al partido.

“Es el primer gobierno socialcristiano en el que la base del partido dice: ‘nos dejaron solos, no hubo un programa específico para nosotros’”, dijo Paniagua.

Sin embargo, el analista Carlos Sojo cree que aún existe un mercado electoral costarricense de centro al que el socialcristianismo puede apelar.

“La democracia cristiana está huérfana de partido. Esa fuerza tiene mercado electoral porque es de centro–derecha y logra un compromiso entre el liberalismo económico y las garantías sociales. No es social democracia con excesiva presencia estatal.

Es más individualista, si se quiere, en su proyección, pero no me cabe duda de que eso es exactamente lo que busca el electorado costarricense”, explicó Sojo.

Las causas de la caída

No hay que obviar las causas que llevaron a la Unidad a su posición de desgaste y cuya posible pervivencia constituyen, a la vez, su principal amenaza.

Por un lado, el principal peso del golpe al partido lo constituyen los dos juicios contra los expresidentes Calderón y Rodríguez, pero esas no son las únicas razones.

Hay otras que, si bien no son exclusivas de la Unidad, ponen el dedo en la llaga en los pasos que hay que tomar para matar a un partido.

Una consulta a políticos que participaron en gobiernos socialcristianos, y que están retirados, da como resultado la siguiente lista de pecados, sin que los que se confiesan quieran poner su nombre en blanco y negro.

Verticalismo excesivo, falta de relevos en el liderazgo, un enfoque muy centrado en el pasado y poco en un programa unificado de futuro, clientelismo político, inconsecuencia de la cúpula con decisiones tomadas por la base.

A esto se suma el desgaste que sufrió el bipartidismo por unificar agendas, desde el pacto Figueres Calderón, en 1995, que borró los límites de identidad entre la oposición y gobierno.

¿Puede resurgir la Unidad? Lo que parece vivo es su ideario. Si las fuerzas lo refrescan, podría salir de la sala de emergencias.

Hasta ahora, en la historia de Costa Rica, ningún partido mayoritario ha recuperado su posición, una vez que ha caído en la tercera o cuarta posición en las preferencias del electorado. ¿Lo logrará el PUSC?

Pasos electorales de la Unidad

Pasos electorales de la Unidad

Desde su fundación hasta su caída como cuarta fuerza. Este es el recuento de algunas fechas clave en su proceso electoral.

1978

Primer triunfo

La Coalición Unidad gana con 50,5% de los votos. Rodrigo Cararzo es presidente y logra 27 diputados.

1982

Soportar

Rafael Ángel Calderón Fournier asume el liderazgo. Pierde contra Monge pero obtiene 34% de los votos.

1983

Nace el PUSC

En diciembre. Lo encabeza Calderón Fournier. En abril de 1984 se reúne la primera Asamblea Nacional.

1990

Gana Calderón

51,5% de los votos. Logra 29 diputados Total de votos válidos 1, 34 millones. 18,9% abstencionismo.

1998

Gana Rodríguez

Obtiene 47% de los 1,38 millones de votos válidos. Tiene 27 diputados. El abstencionismo llega al 30%.

2002

Gana Pacheco

La elección se definió en segunda ronda, en abril. Abstencionismo 31%. Una bancada de 19 diputados.

2010

Reducidos

El candidato Luis Fishman obtuvo 3,86% de los votos en el 2010, y solo 6 diputados, uno más que en el 2006.

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