Economía y Política
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Violencia crece pese a más presos

Todo aumenta en lugar de bajar: la cantidad de reos, la delincuencia y los gastos en centros penales

La promesa de que las prisiones nacionales rehabilitan delincuentes y que un mayor encarcelamiento baja la violencia, es un ofrecimiento que carece de datos de respaldo y apoyo de expertos.

El Ministerio de Justicia dice no contar con prueba empírica que apoye o rechace la premisa de que encarcelar más personas logre una baja efectiva y real en la delincuencia.

Ese mismo ministerio tampoco respalda que efectivamente las cárceles logren rehabilitar presos para que, al salir de la cárcel, dejen de delinquir. Eso depende, dice, del provecho que quiera sacar cada reo de las oportunidades que se le dan en el centro penitenciario.

Esto, pese a que el gobierno de Óscar Arias consideró exitosa su política criminal tras dejar una sobrepoblación carcelaria de 10,2%, que ahora deberá resolver la presidenta Laura Chinchilla.

Ni los datos oficiales ni tampoco los expertos permiten concluir que el sistema penitenciario aporte positivamente en la lucha contra el crimen en este momento o que pueda hacerlo más adelante.

Mientras la tasa de presos por 100.000 habitantes sigue creciendo (del 2003 al 2009 saltó de 161,7 hasta 197,9) y se duplicó en los últimos 20 años, en ese periodo también continuó subiendo la tasa de homicidios dolosos (en el 2003 era de 7, y en el 2009 fue de 11,4).

Esto sugiere que encarcelar más personas no ha dejado al país una baja en la violencia, representada por el homicidio doloso.

Por otro lado, los expertos en criminología y derecho penal ven con total escepticismo que el encarcelamiento logre efectivamente rehabilitar a los reos y los integre a la sociedad.

Sin garantías

“Si buscamos que una persona vaya a prisión y no cometa más delitos, eso la cárcel no lo garantiza”, aseguró Eugenio Polanco, especialista en criminología y director de la Escuela de Capacitación Penitenciaria del Ministerio de Justicia.

Polanco agregó: “Las determinantes del delito no están en el sujeto, y el sujeto es el que va a prisión. Las determinantes son más bien objetivas, del ambiente. Por ejemplo, salen de la cárcel y ¿quién les da trabajo?, ¿dónde se insertan? Nosotros no podemos lavarle el coco a la gente”.

A Polanco lo acompaña el escepticismo de Javier Llobet, catedrático de la Universidad de Costa Rica y coordinador de la maestría en Ciencias Penales de esa misma casa de estudios.

“Si bien en los años 50 y 60 tuvieron fuerza las tesis con esperanza de una rehabilitación, hoy lo que queda es escepticismo. Es muy difícil readaptar a alguien a la sociedad si precisamente se le saca de la sociedad y se le mete en una la subcultura estigmatizada de la cárcel”, consideró Lobet.

En este momento, según datos proveídos por Ministerio Justicia, de cada 100 personas que cumplen con una condena en la cárcel, 17 vuelven al centro presidiario por una nueva condena.

“Es muy difícil readaptar a alguien a la sociedad si precisamente para ello se le saca de la sociedad ”. Javier Llobet, abogado penalista

834

Sobrepoblación absoluta de reos en el programa institucional penitenciario en el 2009. Eso representa un 10,2%.

347

Subpoblación que tenía el programa institucional penitenciario en el 2007, un -4%.

72,2%

Promedio del presupuesto del Ministerio de Justicia destinado a cárceles entre 2005 y 2010.

Ninguno de los especialistas sostiene que se deba eliminar el encarcelamiento, pues aseguran que hay motivos para aplicar la cárcel en casos excepcionales y en sujetos que representan alta peligrosidad para la sociedad.

“Cuando usted saca de circulación a una persona y la pone en un espacio controlado, la posibilidad de ocurrencia de una conducta delictiva baja”, advirtió Polanco.

Polanco reconoció que en algunos casos encarcelar puede evitar delitos, pero aclara que eso no conlleva a que realmente se esté mitigando la delincuencia.

Lo que sí está demostrado que logra una disminución de los delitos, aseguran tanto Llobet como Polanco, es una justa distribución de la riqueza.

“La baja en la delincuencia viene con la política social, con una mejor distribución del ingreso y la inversión del Estado en los diferentes ítemes de desarrollo”, dijo Polanco.

¿Cuánto cuestan las cárceles?

Las cárceles no cumplen su promesa de bajar la delincuencia ni de rehabilitar reos, pero mantener el sistema penitenciario le costó al Ministerio de Justicia en el 2009 ¢40.531 millones.

Esto representa el 73,5% de todo el presupuesto de esa cartera. Lo que sobra queda, básicamente, para la prevención del delito, la Dirección de Resolución Alterna de Conflictos, el Registro Civil y la Procuraduría General.

Esos fondos deben darse a la Dirección de Adaptación Social en el tanto brinden una ejecución digna de las condenas de los reos.

Sin embargo, las políticas criminales del anterior gobierno y seguidas por este, basadas en una mayor persecución de algunos delitos y de mayores condenas en tribunales de flagrancia han dejado una sobrepoblación de carcelaria de 10,2% en el 2009.

Esto trajo hacinamiento car- celario y peores condiciones para los reos, y su molestia ha llegado a las instancias constitucionales.

Un informe brindado por la cartera de Justicia al Consejo de Gobierno el año pasado reveló que hasta octubre del 2009 recibió 39 condenas de la Sala Constitucional por recursos de amparo por temas penitenciarios.

El año pasado el propio ministro de Justicia, Hernando París, aceptó que por mala planificación en el Gobierno nadie previó que la política criminal implementada iba a llenar las cárceles del país.

Para enfrentar esa sobrepoblación, esta administración deberá invertir de su presupuesto ordinario ¢4.500 millones este año y ¢8.500 millones en los próximos dos años. Además, ejecutará un préstamo de $40 millones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) entre el 2012 y el 2017.

Más inversión en cárceles no está dejando menos delincuencia, solo un creciente gasto.

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