Economía y Política
El Financiero
Las directrices emitidas por la Dirección General de Tributación detallan los mecanismos para ajustar los criterios contables con los tributarios.
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La conciliación tributaria

Qué hacer cuando las normas contables dictan unas reglas y las tributarias otras

Alejandra Arguedas Ortega

*Abogada de Facio & Cañas

Durante el proceso para determinar sus impuestos, en muchas ocasiones los contribuyentes se encuentran con el hecho de que las normas contables dictan ciertas reglas, pero las normas tributarias señalan otras que incluso pueden ser contrarias a las primeras.

Uno de los casos más comunes, por ejemplo, es la valoración de activos. En algunos casos las normas contables indican que los activos deben ser estimados de acuerdo con su valor razonable. Sin embargo, al revisar la norma tributaria, esta indica que el valor admitido es el histórico.

Por una parte, el contribuyente debe cumplir con los lineamientos financieros para que su contabilidad esté en orden y se ajuste a los requerimientos internacionales. Pero, también es indispensable respetar las guías fiscales para cumplir sus obligaciones, según lo establece la Administración Tributaria.

La pregunta es ¿cómo proceder para conciliar lo que establece la norma contable con las reglas fijadas en la norma tributaria?

La conciliación tributaria es el camino a seguir. Para efectuarla, el contribuyente debe guiarse por las directrices emitidas por la Dirección General de Tributación (DGT) y que detallan los mecanismos reconocidos para ajustar los criterios contables con los tributarios.

Este tema lo desarrolló el Tribunal Fiscal Administrativo en el voto Nº 057-2010, al referirse a la contabilidad formal (soporte documental) y a la contabilidad material (forma de expresar los resultados económicos de la empresa).

Cuidado con los ajustes

Otra de los principales guías es la Directriz de la DGT Nº 52-01, que se refiere a procedimientos específicos para la conciliación de las normas.

Las conciliaciones no pueden ser antojadizas. En algunas ocasiones, se comete el error de realizar ajustes arbitrarios en la contabilidad para influir sobre la determinación de los impuestos. De este modo, se hacen recortes o cambios que no tienen sustento documental.

Para ser válida, una conciliación necesariamente debe estar respaldada mediante comprobantes documentales, constar en los registros contables y tener una base normativa que ampare la realización del ajuste.

De lo contrario, las diferencias pueden hacerse evidentes cuando la Administración Tributaria realice el cruce entre los datos reportados en el formulario de declaración de renta y la información contenida en el formulario D-151: Declaración anual resumen de clientes, proveedores y gastos específicos.

En este último informe se reporta el detalle de los gastos incurridos por concepto de compras superiores a los ¢2,5 millones, alquileres, comisiones, servicios profesionales e intereses y debe ser presentado tanto por la parte que paga como por la que recibe; lo que permitiría comparar datos e identificar si existen incongruencias.

Además, es muy importante que las conciliaciones se tomen en cuenta antes de la determinación de los impuestos y de la presentación de la declaración de renta, de manera que la información reportada no origine cuestionamientos.

Todo esto evitará fiscalizaciones o seguimientos por parte de la Administración Tributaria y que pueden implicar largos y costosos procesos en contra del contribuyente.

Lograr que la aplicación de la norma contable vaya de la mano con la norma tributaria es posible, pero la conciliación debe contar con el respectivo sustento que la justifique y estar basada en los lineamientos reconocidos por la Dirección General de Tributación.

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