Opinión

El fin del experimento

Luis Loría

El 17 de octubre del 2006, la Junta Directiva del Banco Central decidió terminar con más de 20 años de minidevaluaciones para dar paso a un esquema de bandas cambiarias con el objetivo de avanzar, posteriormente, hacia una flotación sucia, con intervención mínima del Central en el mercado cambiario.

El pecado original del Banco Central consistió en no tomar en cuenta que el mercado cambiario costarricense es ineficiente. A mediados del 2008, un alto funcionario del ente emisor confesó: “Jamás imaginamos que el mercado cambiario fuera ineficiente y que nos iba a dar tantos problemas”.

La ineficiencia del mercado se hace evidente por la existencia de grandes jugadores –incluido el propio Banco Central– con acceso a información privilegiada y con recursos suficientes para manipular el tipo de cambio. Como consecuencia, esos grupos se encuentran en capacidad de realizar ganancias, de manera reiterada, en el mercado cambiario a costa de pérdidas equivalentes de todos los participantes menos informados que no cuentan con esos privilegios.

La incertidumbre prevaleciente también induce a las personas a convertir sus dólares en colones, o viceversa, “en manada”, sin que exista una buena razón para hacerlo más allá de intentar realizar una ganancia especulando en el mercado.

Críticas ignoradas

El Banco Central, durante los primeros años, fue relativamente exitoso en ignorar activamente críticas fundamentadas a las bandas cambiarias.

El expresidente del Banco Francisco de Paula Gutiérrez simplemente no se refería al tema y evadía las preguntas incómodas. Con el paso del tiempo, a las críticas de los analistas se sumaron las quejas de los sectores productivos. En un inicio, fueron relativamente moderadas y se limitaban a indicar la incomodidad con el experimento cambiario.

Sin embargo, recientemente, las críticas de los sectores productivos han escalado fuertemente. Los representantes de cámaras de la construcción, industrias, exportadores, turismo y agricultura han sido claros en que la volatilidad y el nivel del tipo de cambio perjudican seriamente el desarrollo de las actividades productivas y la inversión en Costa Rica.

No se puede ignorar el ruido de las ollas vacías. A diferencia de las críticas de analistas y empresarios, el Gobierno y la Junta Directiva del Banco Central no podrán ignorar, en el muy corto plazo, el impacto negativo que el fracasado experimento cambiario tendrá sobre el empleo.

No existe argumento técnico que pueda exponer el presidente del Banco Central para convencer de las bondades de las bandas cambiarias a un jefe de familia que no puede dar de comer a su familia. El experimento cambiario tiene sus días contados porque nada suena más fuerte que el ruido de las ollas vacías.

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