Opinión

Modelo de desarrollo

El modelo de desarrollo económico de Costa Rica tiene algunos elementos muy claros y otros que se deben fortalecer. Esta es una de las principales conclusiones de la consulta a 24 economistas realizada por EF para su edición de esta semana.

Costa Rica tiene un modelo de crecimiento económico bastante claro y robusto. Desde la crisis global de 1979-82, en que el modelo de desarrollo anterior colapsó, el país ha venido consolidando un modelo basado en el comercio internacional que le ha traído buenos resultados, sin llegar a ser espectaculares, precisamente porque hay aspectos del modelo que nunca se terminaron de definir o implementar.

En 1982 Costa Rica abandonó su modelo basado en la industrialización por sustitución de importaciones en un mercado regional protegido –el Mercado Común Centroamericano– para impulsar una estrategia de inserción en los mercados del mundo que ha pasado por cinco etapas.

La primera de estas etapas fue la promoción y diversificación de las exportaciones no tradicionales entre 1982 y 1988; seguida por los programas de ajuste estructural del Banco Mundial que, entre sus pilares, impulsaban la apertura del mercado nacional al comercio internacional, lo que se inició en el gobierno de Óscar Arias en 1986, con una reducción unilateral de los impuestos y tarifas que protegían la industria nacional, las cuales cayeron de un promedio superior al 100% a tarifas totales de alrededor del 10%. Es en este periodo en el que además se decide impulsar el turismo como complemento al modelo de apertura y globalización.

Es importante mencionar que en este mismo periodo, el país sufrió una reforma legal, institucional y de políticas económicas consistentes con el modelo que se había decidido impulsar, y así nacieron Minex (hoy Comex), Cinde y se fortaleció Cenpro (hoy Procomer); se aprobaron nuevas leyes de promoción de exportaciones y zonas francas, que incluían incentivos claros y mecanismos como los contratos de exportación que garantizaban su aplicación a favor de los inversionistas; dio inicio, desde Cinde e Incae, un proceso de capacitación de una nueva generación de exportadores, y se pasó de un tipo de cambio protegido a las minidevaluaciones que sirvieron por años como mecanismo para fortalecer la competitividad del sector exportador del país. Al mismo tiempo, la ley de incentivos al turismo posicionó al país, gracias a su imagen de ambientalismo y paz, como un destino turístico privilegiado.

La tercera etapa, iniciada en el gobierno de Rafael Ángel Calderón, incluyó un primer tratado de comercio con México y el replanteamiento de un mercado regional centroamericano sustentado en el comercio competitivo más que en el protegido. Fue en este gobierno que, además, se intentó desarrollar por primera vez el proyecto turístico de Papagayo que, si bien en este primer intento fracasó, creó el espacio para desarrollar una industria de complejos turísticos que hoy es ancla del modelo para el país.

La cuarta etapa comenzó en el gobierno de José María Figueres, con un impulso grande a la competitividad de zonas francas capaces de atraer empresas de tecnología y servicios y una mucho mayor integración y apertura de Costa Rica con el mercado global.

A partir de entonces, se impulsó la quinta etapa: el país saltó hacia la apertura global por medio de Tratados de Libre Comercio (TLC) con naciones y regiones en todo el planeta, incluyendo tratados con Canadá, DR-Cafta (por sus siglas en inglés), tratados con naciones del Caribe y Sur América y más recientemente con naciones de Asia y con la Unión Europea.

Los resultados de este proceso están a la vista, Costa Rica es líder regional en exportaciones tanto en términos de volumen –con $15.000 millones–, como en términos de diversificación de productos, servicios y mercados de exportación.

Es importante mencionar que de este robusto sector externo han surgido también importantes industrias locales, tanto para servir como proveedores del sector exportador y turístico, como para establecer “industrias derivadas”, como son las desoftware en un caso o las de operadores turísticos de alto valor en el otro.

El modelo se dice incompleto porque, típico de nuestro país, a pesar del indiscutible éxito alcanzado, los recursos generados no se han aprovechado para consolidar el modelo social y, más bien los modelos de educación, salud, energía e infraestructura de transporte se han quedado atrás y amenazan con convertirse en cuellos de botella para su continuidad.

Es también cierto que las reformas hechas en los 30 años del modelo, pudieron hacerse mucho más rápido, pero nos tomamos tres años discutiendo el TLC con Estados Unidos cuando en este contexto era un paso natural y obvio de la consolidación del modelo.

Si Costa Rica quiere pasar de tasas de crecimiento de 3 a 7% a tasas de 8 a 12%, debe desencadenar su modelo, fortaleciendo su capacidad de atraer inversiones extranjeras y nacionales, así como realizando inversión pública selectiva, en nuevos sectores productivos, que debe definir mercado global; pero también en aquellos sectores en que nos hemos rezagado como son el de educación, salud, energía, conectividad e infraestructura logística.

En efecto, estos acuerdos tienen sentido en el marco de una política comercial que busca una integración profunda con los mercados.

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