Opinión

Riesgos y oportunidades

Alvaro Calix

Durante la presente década se prevén considerables riesgos para la participación de Centroamérica en los mercados globales. Sin embargo, tomar conciencia de esos riesgos puede convertirse en una oportunidad para replantear su estilo de inserción.

El Istmo se ha visto afectado por el estancamiento de los principales mercados a los que exporta. Con la excepción de Panamá y Costa Rica, no se ha preocupado por vincularse con las economías emergentes del Asia Pacífico, ni de América del Sur.

En general, Centroamérica ha tenido una inserción internacional poco ventajosa, no solo por la escasa diversificación de sus mercados externos, sino por haber sido incapaz de promover un dinamismo económico que permeara al grueso de las unidades productivas y de la fuerza de trabajo.

La mayoría de los países se han venido apoyando en las ventajas estáticas que aporta su localización geográfica y los salarios bajos de su fuerza de trabajo –la mayor parte poco calificada–, así como en una peligrosa pugna entre los países por ofrecer incentivos fiscales para atraer IED.

Desde una mirada más acotada, en Centroamérica se identifican dos situaciones estratégicas de inserción económica internacional, descritas por el III Informe del Estado de la Región (2009). La primera, vulnerable y enclavada en el CA4, se distingue por su bajo agregado tecnológico, la migración de mano de obra calificada y los deficitarios resultados socioeconómicos. La segunda, relativamente más exitosa, se caracteriza por un mayor nivel de productividad y diversificación –ya sea en bienes o servicios–, y resultados intermedios a nivel económico y social. Ambas situaciones prototípicas no impiden identificar algunos rasgos en común, tales como la localización geográfica privilegiada, la ausencia de economías de escala y el bajo encadenamiento entre los sectores dinámicos y el resto de la economía.

Cambios y logros

No se desconoce que a partir de los años noventa, la región exhibió avances en la etapa fácil de la inserción, al adoptarse medidas que ampliaron el horizonte comercial. Las presiones de los organismos financieros internacionales y la estrechez de los mercados internos nacionales forzaron a la región a repensar su estrategia de crecimiento. Ello dio paso al regionalismo abierto, que combinaba la mayor penetración económica internacional con el estímulo al comercio intrarregional (MCCA).

Importantes cambios y logros se dieron en esa dirección: se desarrolló un sector de punta exportador ligado a la atracción de inversión extranjera directa (IED) y se incrementó el flujo de exportaciones e importaciones entre los países centroamericanos. Pero en uno y otro caso, los resultados en productividad han sido incipientes. Este déficit, junto al aumento de los precios del petróleo y de los alimentos, incide en que Centroamérica muestre un comportamiento magro en sus términos de intercambio.

Centroamérica no cuenta con commodities estratégicos (petróleo, gas, soya, cobre) y carece de una base de especialización tecnológica en la producción de bienes y servicios. Ambas situaciones limitan su participación en el comercio global y, sobre todo, su potencial para penetrar a las economías emergentes. Esto debería ponernos a reflexionar, si se toma en cuenta que el Informe Panorama de la Inserción Internacional de América Latina y el Caribe 2010-2011 (Cepal, 2011) advierte que la incorporación latinoamericana en la economía mundial estará determinada por su vínculo con economías en desarrollo.

Insertarse apropiadamente en la economía global supone para Centroamérica profundizar la integración regional. En forma simultánea al fortalecimiento del MCCA, la región podría adaptar, combinar y complementar los mejores rasgos de la apuesta costarricense (agroexportación no tradicional, turismo y conglomerados industriales de alta absorción tecnológica) y panameña (centro logístico internacional en transporte, finanzas y telecomunicaciones).

Se trataría de convertir a la región en una plataforma económica especializada, en mejores condiciones para diversificar productos y mercados, atraer IED de mayor envergadura en términos de permanencia, transferencia de conocimientos, sostenibilidad ambiental, creación de empleo y contribución tributaria. Tales pasos, junto al fortalecimiento de los Estados democráticos de derecho, nos ubicarían en una mejor posición para vincular la inserción internacional, el crecimiento y el desarrollo humano.

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