“Finanzas Lentas”
Edición 852
Juan Carlos Valverde
Cada vez que visito a mi homeópata, me repite con un tono solemne la lapidaria frase de Hipócrates: “Que tu alimento sea tu medicina”. Muy en contra de este hermoso enunciado, los alimentos han venido perdiendo su valor nutritivo conforme las empresas del ramo procuran una mayor industrialización y un atractivo retorno financiero. Los consumidores, intoxicados de azúcar, grasas y químicos, han respondido exaltando nuevamente las virtudes de los alimentos naturales.
Algo similar está ocurriendo con las finanzas. La implacable globalización y la expansión continua del crédito durante tantos años han provocado los más diversos desequilibrios en el sistema financiero mundial, evidentes hoy gracias a la omnipresente crisis. Los ejemplos pululan por doquier.
A principios de noviembre, Luke Johnson, un influyente financista, explicaba en el Financial Times cómo la “City” de Londres es hoy incapaz de proveer capital para los negocios británicos. Allí, la actividad se ha concentrado en negociaciones de mercado secundario y en la flotación de empresas foráneas, como las mineras de África y Rusia. La deprimente conclusión es que, si el sector financiero no apoya a las empresas nacionales, el declive económico local será inevitable.
Este año, se publicaron dos libros que promulgan el concepto de las “Finanzas Lentas”. La idea se inspira en el movimiento denominado “comida lenta” ( slow food , en contraposición a fast food ), nacido en la Italia de 1986, y que promueve el uso de ingredientes locales, realzando el mérito de los pequeños productores. La doctrina de la “comida lenta” fue una respuesta a la llegada de operadores como McDonald’s, que amenazaban con enajenar la ancestral culinaria italiana.
La idea de las finanzas lentas desnuda muchas de las enfermizas creencias de las finanzas de hoy y rescata los principios de “inversión de valor” trazados por Benjamin Graham, en su obraAnálisis de valores .
Gervais Williams, escritor de uno de los citados libros, argumenta que en una época de bajo crecimiento económico las inversionistas deben enfocarse en compañías con balances sólidos y planes de inversión prudentes. Hoy, las empresas con grandes pasivos tienen una desventaja considerable.
Algo familiar
Otras ideas promulgadas por Williams también son afines al pensamiento de Graham: las opciones más atractivas se encuentran en las acciones subvaluadas, con historiales estables de dividendos; tampoco es necesario involucrarse en transacciones frecuentes para obtener rendimientos decentes.
Otro postulado interesante es que las personas deben invertir en compañías que les sean familiares. Si los adeptos a la “comida lenta” compran sus viandas a productores locales, ¿por qué no invertir en compañías locales? La idea es diametralmente opuesta a la práctica de concentrarse en productos financieros que sigan a los alicaídos índices bursátiles.
Estudios recientes publicados por la Escuela de Economía de Londres dan respaldo teórico a la idea de las finanzas lentas. Estos estudios muestran que las acciones de valor tienen, en el largo plazo, mejores retornos que el promedio del mercado. El precio de estas acciones se incrementa de forma paulatina pero constante, conforme los inversionistas desisten de invertir en las caras empresas de moda, y empiezan a interesarse en títulos que no estén sobrevalorados.
Ideas como las finanzas lentas seguirán surgiendo en los próximos años como una compensación natural a las desvirtuadas prácticas financieras de hoy. Ciertamente, estas nuevas ideas nos ayudarán a desintoxicarnos de la exuberancia irracional de las últimas décadas.




