
Jorge Arce ef
Dar brillo a un negocio de 112 años
Con herencia suiza y alemana, el negocio joyero Müller mantiene el tictac en locales josefinos
Edición 868De palabra pausada, sonrisa continua y unos ojos que se iluminaron con más fuerza en su oficina –en las alturas de la joyería Müller de la Avenida Central– Orlando Johanning Müller nos recibe.
Quedó claro desde el inicio de la conversación su interés de mantener un bajo perfil de empesario, sin embargo, una amena tertulia marcada por sus anécdotas juveniles en aquel antiguo edificio disipó las dudas sobre el encuentro.
Su cabello castaño oculta su edad y la sencillez con la que recuerda su vida junto a su padre entre anillos y relojes, contrasta con la lujosa muestra de joyas que reposan en el primer piso.
Fue de su abuelo Francisco Müller de quien heredó un negocio joyero de influencia suiza y alemana.
Los padres de su abuelo llegaron a Costa Rica en la década de 1860. Años después, lo enviaron a Suiza, donde inició el romance con la relojería.
Sus años en tierras lejanas le despertaron la nostalgia a su madre al punto que le pidió que regresa para alquilar un local en la Avenida Central para la venta de joyas.
Francisco Müller Hameyer se devolvió a Costa Rica y alquiló el local –que en ese momento estaba en otro edificio– que hoy alberga la joyería principal de la firma Müller.
El negocio inició con la reparación de relojes y la venta de joyas.
¿En qué año empezó la familia con el negocio de la joyería?
El negocio empezó en 1900. Mi abuelo empezó alquilando este local en la Avenida Central y después lo compró en ¢5.000. Vendía joyas, relojes, anteojos –porque antes aquí en San José no había ópticas– y hasta armas, pero las dejó de vender en la revolución de 1948 porque las confiscaban.
¿Cómo se involucra usted en el negocio?
Mi abuelo solo tenía una hija (mi mamá). Ella se casó con Luis Alberto Johanning, ingeniero agrónomo que daba clases en la Universidad de Costa Rica. Sin embargo, como mi abuelo ya estaba envejeciendo y necesitaba alguien que lo ayudara, mi papá lo hizo. Mi abuelo le dijo que no lo hiciera por él, que lo hiciera por sus nietos y así fue. En aquellos tiempos las señoras eran de la casa y se quedaban cuidando los hijos, sin embargo mi mamá Frida Müller se involucró y apoyó mucho el negocio.
“Yo fui el único que me empecé a involucrar directamente con el trabajo de mis papás en la joyería... lo hice desde que tenía 20 años y yo creo que me van a enterrar aquí, porque me encanta lo que hago. Ya con los años mi papá se enfermó y me pidió que siguiera yo con el negocio”.
¿Se trata de un negocio familiar?
Sí, se trata de un negocio familiar. Desde que yo trabajaba con mis papás hacemos de todo, desde jalar cajas hasta barrer. Siempre hemos sido muy sencillos. Mis papás vivían allá en Barrio Escalante, cuando todo aquello era un puro cafetal.
¿Cuántas tiendas tienen?
Lo que pasa es nosotros somos cinco hermanos y cuatro de nosotros tenemos joyería. Nos hemos mantenido con el mismo apellido pero los negocios son aparte. Mi hermana tiene dos joyerías, uno de mis hermanos tiene dos y el otro tiene una joyería. Yo tengo seis joyerías. Están ubicadas en En Plaza del Sol, otra en Metrocentro Cartago, una en el Real Cariari, otra en el Centro Comercial Los Laureles y la sexta en Vistana, Santa Ana.
¿Qué debe tener una joya para ser comercializada por ustedes?
Bueno, acá la gente encuentra de todo.
¿Cómo mantener un negocio de joyería tantos años?
Con buen gusto, con artículos de todo precio y trabajando con gente seria. Se tienen que realizar cambios con los años, introducir nuevos materiales, como por ejemplo el acero.
¿Cuál es el valor de la joya más barata? ¿Y la más cara?
Acá tenemos de todo: plata, acero y oro. Usted encuentra el producto que quiera a todo precio.
Se dice que el negocio de la joyería es uno de los más lucrativos del mercado. ¿Usted qué opina?
No, no, no, yo no lo diría así. Es un negocio como cualquier otro negocio.
¿Cuál es la ciencia del negocio de la joyería?
En este negocio se debe ser ordenado, trabajar mucho y tener gente buena que lo ayude a uno, porque como dice Franklin Chang, el hombre solo no hace nada.
¿Qué dice una joya de su dueño?
Las joyas demuestran amor, evocan un sentimiento en la persona que la usa.
¿Alguna anécdota del negocio?
Acá han pasado muchos expresidentes y presidentes de otros países que compran obsequios. Lo que pasa es que a uno no le gusta mencionar nombres. Una vez estuvo acá, por ejemplo, el personaje de laIsla de la Fantasía , el que le decían Tatú.
Comprar joyas no es imprescindible. En tiempos de crisis, la gente reduce esos gastos. ¿Cómo hicieron para mantenerse?
Pues aunque sea tiempo de crisis la gente siempre anda buscando cosas. Un anillo de matrimonio o de compromiso se debe comprar en cualquier circunstancia, por ejemplo.
¿Qué es una joya elegante? (cómo la define usted).
Es una joya elaborada por un buen joyero.
Las joyas que ustedes distribuyen, ¿son importadas, o también comercializan trabajo costarricense?
Importamos joyas y también trabajamos con productos elaborados en el país.
¿Cuáles marcas exclusivas comercializan?
Tissoy, Bulova y Michel Herbelin.
Además de la joyería, ¿a qué se dedica?
Me encanta hacer snorkeling , soy un enamorado del mar y de Guanacaste. Me gusta viajar, conocer otras culturas.
¿Cuál es la herencia suiza de la marca?
¡Mi abuelo!
En Costa Rica la tradición de la joyería Müller inició en 1900.
Fue importada por Francisco Müller Hamein, luego de vivir varios años en tierras suizas.
Seis joyerías ( Plaza del Sol, Metrocentro Cartago, Real Cariari, Centro Comercial Los Laureles y Vistana, en Santa Ana) abrieron sus puertas bajo el liderazgo de Orlando Johanning Müller.
Con el mismo apellido, pero con diferente administración, su hermana y sus otros dos hermanos también están involucrados en el negocio joyero con otros cinco locales para la venta de joyas.
Fuente Orlando Johanning Müller.







